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02 diciembre 2011

Piccola passeggiata veneziana

 Al llegar al aeropuerto, ya en Italia, me anunciaron que el avión con el que tenía que enlazar iba a salir nada menos que con once horas de retraso. Afortunadamente estaba en Venecia, así que lo que iba a ser un día de trabajo se convirtió en una jornada paseando de nuevo por la ciudad de Corto Maltés. Un miércoles de noviembre.
Hace años pasé a menudo por venecia en el camino de ida o vuelta a alguno de los campos de refugiados de Yugoslavia en los que trabajé. No imaginaba que esa experiencia hubiera marcado tanto mi percepción de la ciudad. Sin embargo, mientras me acercaba a la laguna véneta sentí que Venezia ahora huele a Croacia. Al puerto deSibenik en invierno y los barcos que salen, si el viento lo permite, hacia las islas Kornati cargados de puñados de paisanos. Inviernos de fríos, de bracos ventosos y dalmacia. terminales de autobus heladas por la noche y la muva, la barquita que me llevaba, sentado sobre mi mochila, con el tuftuf de un motor envejecido.
Me doy entonces cuenta de que Venecia es una de esas ciudades que cada uno construye para sí. Este miércoles helado es una ciudad liberada de turistas y empiezo un paseo por mis venecias.

Las escaleras del tren
Siempre he dicho que a venecia hay que llegar por tren. El ruido de los viejos vagones vacios de la Ferrovia dello Stato al pasar por el larguísimo puente es el mejor preludio. luego, al salir de una estación como todas, venecia te golpea en la frente, inesperada y plena.
Desde la escalera de la estación de Santa Lucía la ciudad se muestra, activa y cotidiana. Gente que pasa, barcas por los canales, vendedores, vaporettos, cargadores.En esas escaleras nos dábamos cita de un año para otro. Uno podía pasar uno o dos días sentado en ellas esperando que el otro llegara en tren desde su país. Ambos lejanos. hasta que de pronto, al cabo de las horas, una mano te rozaba el hombro y allí estaba, sonriente con su mochila.
también, más de una vez dormimos en el soportal de la escalera donde cada noche se instalaba una hilera de sacos de dormir, hasta que un año la policía o las autoridades lo prohibieron.

El cuerpo de Santa Lucía
La iglesia de está ahora más limpia y, sobre todo, más luminosa de como yo la recordaba.
hace años era un lugar sombrío, lleno de polvo que podía llegar a causar miedo si se visitaba al atardecer.
No han cambiado las uñas de los pies dela santa. Recuerdo cuánto me impresionaron la primera vez que los vi. Los tobillos y los pies están, de por sí, menos incorruptos que el resto del cuerpo, pero los agujeros en la piel acartonada llaman menos la atención que el tamaño desproporcionado de las uñas. Impresionantes.
Me pregunto qué pasó con sus ojos. Cómo es posible que lo más señalado de la Virgen Santa de Siracusa (palabras que pueden colocarse en el orden que uno quiera y siempre la definen) nunca se encontraran.  Quién sabe si se venerarán, como dos pasas resecas, en alguna aldea siciliana perdida.
Charlando con una señora que vive enfrente, en una callejuela de la plaza de Santa Lucía me cuenta que en ocho días vendrá la confirmación definitiva del invierno, el día de la santa, que tiene fama de ser el más corto del año.

Arrabales funerales
Cruzo la plaza del guetto nuevo y me pierdo por cannareggio. Hace rato que no me cruzo con ninguno de los escasos turistas que quedan este año en la ciudad. En Santa María del Orto, uno de mis lugares cortomalteses preferidos, me encuentro un funeral. Una señoras me cuentan que el muerto era un chico joven, director de un grupo de montañismo. Varias adolescentes, sin duda del club, lloran desconsoladas cuando el féretro se aleja por el canal, en una barca negra cuajada de flores.
Los viejos casi no lloran y entre ellos el ambiente es de acto social. Luego me encuentro con una esquela pegada en la pared anunciando el entierro. La familia pide cambiar las flores por eventuales donaciones a una misión en Sierra Leona. mientras camino por la Fondamenta dei Mori, donde vivía tintoretto y donde Hugo Pratt escondió una esmeralda de Salomón, me doy cuenta de que a lo lejos, tras venezia, se ven los alpes.

Cittá vecchia
En el campo  de San Pedro y San Pablo hay que comerse un pastel. incluso un helado. Ha sido siempre un lugar hecho para las tardes tranquilas de otoño, cuando incluso Venecia se convierte en un pueblo donde la gente se saluda y se sienta a tomar café y pasteles. Al atardecer la plaza se llena aún de masas de niños que juegan a la pelota en la fachada del Hospital Civil.
El hospital civil es el edificio más veneciano que conozco. Grandioso y decadente. Un enorme ambulatorio de la seguridad social lleno de columnas, claustros ruinosos y patios inmensos y destartalados. Lleno de gatos que corren entre los pies de los pacientes que esperan la cola del médico.
El campo es la entrada a mi Venecia más real. Cuando hace años parecía que Venecia se iba a perder, esta zona resistió. El turismo y el pijerío estaban creando una ciudad elegante, limpia y cara que se parecía cada vez más a un decorado falso de ciudad. Casi vacía de gente real. Sin embargo aquí, al este, detrás de San Marcos resistió la ciudad decadente y sucia. La ciudad habitada.
Está llena de colegios e institutos. Hay adolescentes ocupando las calles, montones de tiendas, casas de apuestas y estancos.
Los turistas jamás se aventuran más allá de la calle de los griegos, donde las tiendas de souvenir se disuelven en ferreterias. Quizás porque esta parte de Castello, aunque este trufada de canales y puentes, se parece demasiado a cualquier ciudad de provincias. Más vieja que antigua. Perfecta.


25 septiembre 2011

BYE BYE BEIRUT




Nos han robado Beirut. Ya del todo. A nosotros y sobre todo a la gente que vive, o sobrevive, en lo que antes fue Beirut.
Tras la guerra, el probo pobre presidente Hariri decidió que sólo ciento veinte edificios del centro merecían ser reconstruidos. En cartón piedra, pero al menos se salvaron. El resto fue destruido. Todo el centro de la ciudad se convirtió en un solar inmenso. Decenas de miles de familias fueron expropiadas y sus terrenos regalados a las constructoras. Si un día Beirut había sido Paris, ahora el modelo era Singapur y el centro de la ciudad se convirtió en una isla de centros comerciales y bancos en medio del gigantesco solar.
Ahora poco a poco en los solares han ido creciendo centenares de edficios de diseño. Un espacio frío, desorbitado, casi fabricado por ordenador, ha ocupado lo que antes era la ciudad. Despersonalizada, vacía y vendida a la especulación consumista más atroz.
Casi ha desaparecido el Beirut ligeramente decadente de otros tiempos. Los edificios desconchados que fueron señoriales. Los barrios donde todos se conocen, cuajados de tiendecillas de todo tipo. En eso los cristianos han salido perdiendo: aunque se refugian en algún local de Gemayzeh, como le Chef, donde aun se habla francés y se saluda la gente del barrio, el resto es Singapur. La parte musulmana, con sus barrios chiitas y sus campos de refugiados nunca salió de la pobreza, más allá de Hamra.

Hamra. Aunque el lugar de las tiendas elegantes ahora lo ocupan franquicias europeas, la zona mantiene su encanto matinal y nocturno. Es cierto que el café Younes ahora se llena de jovenzuelos con ordenadores o ipads, pero supongo que eso es lo más parecido a un ambiente bohemio en estos tiempos. Al fin y al cabo en la librairie Antoine, la de siempre, tienen las obras completas de Maruja Torres.
Por la noche los garitos son más elegantes, más masificados, pero agradables. incluso hay un par de locales abiertamente gay donde decenas de chicos y algunas parejas de muchachas se besan y se frotan abiertamente y hasta bailan sobre las mesas. Beirut; zona de marcha como en cualquier ciudad europea.

Pero sobre todo queda la Corniche. A duras penas, porque también la especulación acosa a este malecón beirutí, pero sobrevive.
La Corniche. Un hombre sentado en banco vende casettes de música pero te deja escucharlos antes. Una familia se baña, doce niños con miniflotadores. Una señora velada fotografía a sus dos niñas vestidas idénticas de princesa. Pasan el fotógrafo de la polaroid, el vendedor de mazurcas cocidas, el de café árabe con su cafetera. Pasan también los aviones con su vuelo bajo, casi rasante, bordeando la costa hacia el aeropuerto. La fauna de Beirut: la criada filipina que cuida a los niños. Anda siempre como cojeando; El rico señor maduro, con bigote y equipación deportiva cara, corriendo con un amigo demasiado idéntico a él; El pescador en camiseta, siempre sin afeitar. Lleva una caña larguísima apoyada en el hombro y un bote de pintura con cebo colgando de la mano; Niñas con hiyab y otras pequeñísimas que ya mezclan el árabe y el inglés; Un patinador hablando con el móvil recuerda al Beirut pijo de arriba de la colina, donde no suena constantemente música árabe y popular desde un coche parado o en un kiosco destartalado; Un señor grande con bigote espeso enseña a su hijo de pocos años a tirar todo tipo de fuegos artificiales desde la baranda; Una familia musulmana ha traído mesas y sillas y toma el té entre revuelo de niños y pañuelos.
Una pared desconchada frente a las rocas del malecón. Un grupo de jovenzuelos con una narguile, secándose del baño. Historias de la guerra. De carreras en coches destartalados entre los puestos de control. Noches en las colinas mirando las bombas caer. Correrías a Bouy Hamoud, el suburbio armenio que ahora es un trocito de oriente medio pero entonces era un remanso casi de paz. tiempos peores, cuando la ciudad estaba llena de bidones de tierra para parar las balas y no se parecía a Singapur.

04 septiembre 2011

BIRMANOS Y BIRMANAS

Todos los viajes son viajes sin retorno. La persona que parte de casa nunca es la misma que regresa. O casi nunca. Viajar implica  cambiar, crecer, compartir y -finalmente- comprender. Aunque parezca el eslogan de una academia por correspondencia, es la unica forma posible de disfrutarlo plenamente.
Nada mas opuesto al viaje asi entendido que el simple deambular curioso. Limitarse a mirar alrededor, fotografiar sitios o espiar gente tirnr mucho de pasatiempo diletante. Sin embargo, puesto que  al parecer uno de cada tres birmanos espia para el Gobierno sobre los otros dos (o al menos informa sobre ellos, que espiar son palabras mayores) el forastero dificilmente puede resistirse a ese impulso voyeur. Los birmanos vistos desde fuera.
Con una evidente falta de seriedad, y al amparo de estudios sobre pronunciacion y traduccion, los militares le cambiaron el nombre a Birmania por otro casi de chirigota. Myammar suena demasiado a miamma. Perdieron una extraordinaria oportunidad de encontrar nombres mucho mas poeticos. Yo lo habria llamado el pais de las sonrisas rojas y los rostros de oro. Suena grandioso, pero es mucho mas banal. Ademas las sonrisas son siempre masculinas y los rostros femeninos, como si fueran dos paises en uno.
Cuando uno llega de nuevas a Birmania lo primero que llama la atencion es la aficion desmedida de los hombres al betel. Las hojas de betel tienen forma de corazon. Se las recoge verde y se les pone en el centro una pizca de tabaco de mascar untada con manteca. Luego se doblan en forma de bolsita. Los birmanos se meten bolsitas de esas contantemente en la boca. Al masticarlas producen un liquido rojo que tine los dientes y las encias. Tambien son rojos los escupitajos que emiten periodicamente y que decoran el suelo entero del pais.
Un amigo birmano justificaba su mania de betel diciendo que es bueno porque sustituye al dentifrico. No se si se lo cree realmente, si es asi debe estar convencido de que el efecto de la crema dental es tambien dejar las encias negras y los dientes amarillentos y separados.
Lo de los rostros dorados es patrimonio de mujeres y ninos: siempre decoradas con kanaka, que es una pasta dorada que sirve de cosmetico, decoracion y proteccion para el sol. Todas las mujeres del pais llevan en las mejillas circulos, lineas o cuadrados de kanaka. A menudo tambien una linea sobre la nariz. Es algo tan generalizado que tras unas semanas por aqui resulta extrano encontrase mujeres con el rostro limpio de oro.
Mujeres y hombres. Uno de los efectos secundarios de ser un pais tropical es que el dia y la noche estan perfectamente divididos. Amanece siempre a las siete menos cuarto de la manana y anochece siempre a las siete menos cuarto de la tarde. Tan perfecta regularidad parece que se aplicara tambien al mundo de la mujer y el hombre.
No es algo evidente a simple vista y los viajeros europeos menos atentos incluso llegan a pensar lo contrario. Ciertamente el pequeno detalle de todos los hombres usen falda (longui se llama, y efectivamente es larga, salvo si se recoge para jugar al futbol) podria hacer pensar lo contrario. A mi solo me ha llevado a cierta perplejidad cuando voy al bano. A menudo el WC de mujeres aparece identificado por el icono de una silueta con falda. Nunca termino de aclararme de si es el servicio de hombres o, una vez mas, un efecto de la colonizacion cultural europea. Siempre tengo que mirar el otro por si aparece, como suele pasar, una figura con pantalones, totalmente ajena a la realidad Birmana.
Y en esa realidad las mujeres en Birmania, como es habitual, sufren su racion de discriminaciones tradicionales. La mas evidente es la costumbre de que la mujer trabaje incluso a la hora de la siesta, cuando los hombres juegan a las fichas. En la cultura birmana no puede parecer, ni por asomo, que esten en ninguna ocasion por encima del hombre. Incluso fisicamente. Si en los buses no se les permite viajar en el techo, como a los varones, es porque creen firmemente que una mujer encima de un hombre limita su masculinidad. La regla se extiende a la prohibicion de que las mujeres toquen la cabeza de los hombres. En otros terrenos mas intimos no he podido comprobar si esta igualmente vigente la prohibicion, que seria un desperdicio.
Por cierto, que en el ideal de belleza birmano las mujeres no tienen pechos. Mas planas, mas guapas, es aqui es lema. Me quedo pensando si esa preferencia estetica estara relacionada con el hecho de que los pictogramas habituales en el WC de chicas presenten a un monigote sin curva alguna... quien sabe!

28 agosto 2011

PASADOS POR AGUA

Los ninos de Nampang vuelven del colegio en piragua.De hecho vuelven de todas partes en piragua. El pueblo entero esta formado por palafitos. Las calles son todas de agua y desde las ventanas de las casas las senoras se entretienen viendo el trafico de barcos. Tambien Tomtom vuelve asi, en una de las piraguas pequenas, hecha con el tronco vaciado de un arbol. Va remando a medias con su mejor amigo, que vive justo al lado. Pasan otras piraguas. En las pequenas aun caben otros dos ninos sentados en el centro con sus tarteras del almuerzo entre las piernas. Otros regresan en canoas mas grandes, con un primitivo motor fuerborda.
Por la tarde Tomtom y los otros ninos vuelan cometas. Son pequenas cometas cuadradas, hechas de papel y cana y atadas a un enorme carrete de madera que se sujeta entre los brazos. Vuelan muy altas por encima de los techos de paja y uralita de las casas. El arte esta en volarlas sin que toquen jamas el agua. Al futbol y al escondite solo pueden jugar en el colegio, cosas de vivir en el lago Innle.
Bajo cada casa hay una piragua y una despensa de pescado. La despensa es una red grande donde nadan y engordan peces deliciosos en espera de la cazuela. Algunas casas son tiendas de comestibles
Nosotros llevamos cinco dias en el lago, costumbrandonos al balanceo de las piraguas, al sabor del pescado y a la lluvia. El viento del sur trae lluvias cada dia y en los claros paseamos a menudo por aldeas, mercados y pagodas acuaticas. A veces vamos en bicicleta a las aldeas costeras, a veces cogemos alguna piragua y nos sentamos en el suelo entre senoras Pa-ong y cestas de tomates. La piragua va siempre abriendose paso entre praderas espesas de jacintos de agua. Patos que dormitan se despiertan cuando la barca casi les pasa por encima y echan a volar, asustados.
A Maing Than solo se llega por un puente. Es un viejo puente de madera de teka, de mas de un kilometro de largo, que pasa sobre el pantano, los arrozales y lagunas oscuras manchadas de jacintos acuaticos. Es un puente precioso, delicado. A cada tramo hay un castillete con sombra y bancos para descansar. El puente acaba de pronto en tres escalones que entran en una larga calle de agua. Acaba el puente y la unica manera de llegar a las casas ancladas en el agua es, una vez mas,con piraguas. Es un lugar por donde apenas pasan forasteros. Una belleza esplendorosa y pacifica escondida. Al otro lado del lago, justo enfrente, esta Khaung Daing que huele todo a cacahuetes a causa de las fabricas donde los tuestan.
El lago Innle, sin embargo, es famoso y tiene cierto glamour entre disenadores y estilistas por la elegancia de sus pescadores. Son los patinadores del lago.
salen a pescar con piraguas muy finas con los extremos planos. En uno de ellos va de pie el pescador y para remar usa la rodilla: sostiene el remo en vertical con la mano y la pierna lo hace girar con movimientos circulares. Los disenadores italianos les ven un gran parecido con los gondoleros venecianos. Sin embargo el efecto recuerda mas a un aficionado al skateboard. Parece que el pescador puera impulsando su monopatin mientra tira las redes. En cualquier caso resul;ta previoso y elegante. La canoa se desliza suave y silenciosa por la superficie de un agua lisa y parece que el hombre bailara en su extremo.
Ayer hubo una inundacion. Esta manana al levantarnos nos cuentan que anoche volco junto al puente una piragua llena de gente. Por la noche, en la tertulia despues de cenar, ya nos advirtio un amigo de que estaban abriendo las compuertas de la presa y los arrozales para desaguar al lago y que la carretera que nos une al continente estaba entera inundada.Hace un rato pudimos atravesarla por fin, en un tuktuk que avanzaba a duras penas con el agua hasta la altura del sillin. En las zonas mas inundadas se arremolinaba gente. Pero no son mirones, sino pescadores que  aprovechan el movimiento de peces para echar sus redes en las enormes charcas recien creadas y hasta en mitad de la carretera. En Birmania no queda mas remedio que aprovecharlo todo.
Llueve y sin parar y volvemos en piragua a casa cuando un atardecer glorioso salva el dia terrible. Un atardecer en tonos grises y azulados iluminado a trechos por nubes de color ocre y salmon. Estamos en la barca bajo la lluvia aun y la puesta de sol nos envuelve poco a poco en una manta cobriza que va ocupando el horizonte, el agua del lago y levemente incluso nuestra lluvia. Agua dorada.

22 agosto 2011

BUDITAS Y NIBBANAS

La via al nirvana viene a ser algo como la via al comunismo: un camino por definicion interminable y sin final a la vista.
A la puerta de las pagodas mas importantes hay senoras con jaulones llenos de gorriones, jilgueros y otros pajaros por el estilo. Por unas monedas se los ofrecen a los fieles que salen cargados de felicidad budista para que los liberen. Soltar a un pajaro es algo que da buen karma, como ofrecer cacahuetes a los monos o echar migas de pan a los peces de un estanque.
Sin embargo, casi todos los pajaros son recien cazados, precisamente para ese pequeno negocio. Los tienen hacinados en jaulones de cana trenzada y cada senora tiene tambien entre los pies una bolsa de plastico donde va metiendo con disimulo los cuerpecillos de los pajaros que continuamente se mueren. Esa bolsa, que a menudo esta bastante llena, es una metafora de esta sociedad, tan extraordinariamente religiosa.
El budismo es muchas cosas. Ofrece una explicacion a la vida pero tambien proporciona apoyos mucho mas materiales. Los monasterios eran hasta hace poco las unicas escuelas en zonas apartadas y aun ahora decenas de miles de ninos se hacen monjes -monjitos- huyendo de la pobreza. Por otro lado, las propestas mas importantes contra la Junta militar fueron cuando los monjes se unieron a las manifestaciones democracticas de hace cuatro anos. La imagen del ejercito disparando a los monjes indigno a la gente mucho mas uqe ninguna otra cosa antes. por eso el gobierno dejo de disparar y se limito a desaparecer a unos buenos miles de monjes en cuanto se calmaron las cosas. Mas de cinco mil, segun algunas cifras.
Tras las revueltas el gobierno ha dado facilidades para que se instalen y crezcan otras religiones que compensen el peso de los monjes budistas. Los edificios mas limpios y nuevos de Rangun son todos neogoticas iglesias catedrales de las variantes mas raras del cristianismo. En Rangun y Mandalay florecen mezquitas por doquier con esa fuerza expansiva que tiene siempre el islam. Pero nada mina la intima conexion de Birmania y su budismo.
Por las mananas, en todas las aldeas, filas de monjitas mendiantes, rapadas y vestidas con tunicas rosas, recorren las calles en fila india. Pasandespacio cantando ante las casas, los bares y los negocios. Las senoras salen a la puerta con un saquito de arroz y un cucharon y le echan una buena cucharada a cada una en la bolsa que lleva colgando. No lo hacen por pedir limosna, sino para dar a la gente una oportunidad de aumentar su karma.
Y el budismo tiene una extraordinaria cualidad para colarse por las rendijas. Sin necesidad de entender los mandamientos de buda (que empiezan por creer en buda, meditar y afeitarse la cabeza) ni sus vidas ni siquiera el milagro del nibbana conquista suavemente a quien se le acerca. Te va calando como la lluvia suave, sin darse casi ni cuenta. Uno puede resistir indiferente el desfile de pagodas, budas, budazos y buditas, pero con la acumulacion acaba por apreciar la serenidad de esos lugares.
Se sienta uno en una pagoda y se le queda la mente en blanco. Como dicen aqui, vacia. Despues, otro dia en un  templo de madera sobre una colina se queda absorto disfrutando del viento leve que mueve las banderolas. Y casi sin querer empieza a sentirse bien entre esta tranquilidad silenciosa que huele a teka vieja y sandalo ligero.
Menos mal que los monasterios lo devuelven a uno a la realidad.  Son siempre sitios abiertos y agradables donde el viajero es bien recibido y hasta se le ofrece te. A menudo suena mas o menos lejano un gong cuyas notas permanecen un rato temblando en el aire y el canturreo de algun nino que repite de memoria los  los chankras y salmos que se esta aprendiendo. Entonces los monjes te dan conversacion y tu preguntas y todo se parece un poco a tantas otras religiones. Los jovenes que viven anos encerrados en el monasterio para tener algo que comer. Que apenas aprenden a leer y recitar. Las largas conversaciones banales sobre dioses... todo tan parecido, que pierde un poco su magia mistica.
A cambio las pagodas abandonadas parecen sacadas de relatos aventureros de otra epoca. Las sesenta y nueve (ejem) estupas de Samkar estan invadidas por las vacas y los arboles. Un paisaje de ladrillos caidos, budas rotos, estatuillas apoyadas en cualquier piedra, cabezas sin tronco, trozos de estuco y la jungla que avanza. Un arbol ha crecido sobre una estupa que ahora forma parte de su tronco. En otras  la punta en vez de campanillas tiene una palmerita airosa. Por medio hay algun arbol retorcido de elegantes flores blancas y amarillas.
Y en Mandalay, la pagoda de Kuthodaw al atardecer tiene casi la misma magia que la famosa mezquita de Yamsousoukro. Son decenas de capillas que contienen cada una una pagina en marmol del libro mas grande del mundo, en un mar de estupas que al atardecer parece abandonado, olvidado y silenciosos salvo el sonido de las millares de campanillas de oracion que mueve el viento. No seria ninguna sorpresa cruzarse ahi, en esa soledad, con la sombra de corto maltes.
Una religion con mil caras. Y en el cibercafe donde escribo un monje chatea por el messenger envuelto en su tunica mientras otro juega a vidojuegos explosivos. Buditas.

21 agosto 2011

DIAS BIRMANOS


Mister Book y mister Charles se odian. Es un odio intenso y antiguo, lastrado por dos vidas demasiado cercanas en un pueblo demasiado pequeno. Concretamente en Hsipaw, justo donde empieza la selva birmana y donde nacieron, fueron a la escuela y crecieron los dos personajes, hoy sexagenarios.
Mister Charles es de origen chino y siempre estuvo bien relacionado con el gobierno militar. Ha construido un pequeno imperio turistico con un hotel y varios bungalows. Ha conseguido el contrato para alojar oficinas y empleados de la compania petrolifera china que repara el gaseoducto. Tambien ha conseguido siempre que todo el que intente hacerle sombra en el negocio en su pueblo acabe en la carcel.
Mister Book tiene una tienda de libros usados, sobre todo en ingles. Hace unos anos intento montar una agencia turistica. Visto que su contrincante le hacia la vida imposible, consiguio  covertirse en el representante de la liga nacional por la democracia (el partido en la oposicion) en el pueblo. Confiaba en que si ganaban las elecciones seria el quien se beneficiaria del apoyo del Gobierno. Ganaron las elecciones pero la Junts las anulo, ilegalizo su partido y lo unico que el consiguio fue pasar tres anos en la carcel. Regocijo de mister Charles.
Ahora que Aung Suu Yyi ya no esta en arresto domiciliario, y sale en las primeras paginas de los periodicos y hasta va a entrevistarse con el Presidente parece que la vida de mister Book va a ser un poco mas facil. Entretanto, nos ensena la correspondencia que recibe del extranjero: todos los sobres impecablemente cortados por su parte superior, como muestra de que pasaron la censura. Y aun asi tiene que pagar al cartero para que al menos le lleguen. Como siempre se paga todo aqui a escondidas.
Los pueblos birmanos estan anclados en la visa de hace casi un siglo; en el libro de orwell. Por mas que de los ingleses haya quedado bien poco. Apena las oficinas de correo (antiguas, de madera y con ventanillas estrellas) y los ferrocarriles. Funcionan los trenes ingleses de asientos de madera de rejillas. Estan cuajados de ratones atraidos por los montones de comida que lleva siempre la gente para estos viajes interminables. El momento mas emocionante es cuando pasa por algun acueducto. Verdaderas obras de arte metalico sobre gargantas que quitan el hipo... tambien del tiempo de los ingleses y sin ningun mantenimiento en el ultimo siglo.
En una primera impresion Birmania son Pagodas y pobreza en las ciudades, y pagodas y vegetacion en el campo. Rangun y Mandalay son lugares sucios, empobrecidos e increiblemenete africanos. Masas de gente y polvo y basura, con esa absoluta falta de todo -tiendas, parques o plazas incluidas- que solo habia visto antes alli.
Pero el pais se crece en sus pueblos. Todos rodeados de vegetacion exhuberante. En los caminos nos cruzamos bambu, teka, bananas, pinas, chirimoyas, higos. En cualquier rincon entre lo verde crecen cabanas hechas de estera y con techo de paja. Las esteras sirven para hacer paredes y para cubrir unas camas elevadas de madera donde uno se pasa el dia sentado y la noche tumbado.
Un lugar lleno de estampas de planicies verdes de arroz.Sin embargo, la imagen de un bufalo de agua arando el campo de arroz y guiado por un nativo con sombrero ancho es poco mas que eso, una imagen. La primera vez que el forastero lo ve le hace una foto y ya esta. Luego lo vuelve a ver en cada paseo, desde la carretera o el autobus. Pero es solo una imagen previa ny prevista. Topica. No provoca de cerca ninguna emocion o alegria suplementaria.
La alegria esta en los amigos que uno va conociendo. Una partida de Chei-lon en la esplanada de un templo abandonado. Se juega con una pelota de esparto y consiste simplemente en pasarsela unos a otros sin tocarla con las manos, solo con el empeine, los hombros o la cabeza. Y las horas pasan calidas e intimas.
Por otro lado las vacas jorobadas le estan comiendo el terreno a los bufalos de agua. Las vacas son lentas, blancas e importadas. Los bueyes negros, nobles, brutos y locales. Pero hasta a eso llega la globalizacion.

06 agosto 2011

MONZON MASSAGES

El Monzon nos pillo en cowboy soi, al poco de anochecer.
Cowboy soi es el Bangkok mas canalla. La culpa la tuvo el autentico masaje thai.
En el templo mas milenario de la ciudad descubri que el masaje thai original se basa en tres principios: la reflexologia, la palanca y los cracs. Segun mi experiencia la reflexologia consiste en hundir el dedo en las cavidades carnosas mas insospechadas del cuerpo del paciente, buscando siempre el dolor intenso. La palanca implica empujar alguna articulacion del cuepo con los pies mientras con las manos se tira en sentido ontrario intentando alcanzar el punto exacto en que la pierna (o el brazo, o el hombro, o la espalda) se parta o se desmembre. Por si faltara algo, todo buen masajeador disfruta oyendo cracs. cada vez que algun hueso hace crak siente que es una garantia del trabajo bien hecho. En definitiva, mis experiencias de autentico masaje thai recuerdan las torturas a los prisioneros americanos del vietcong y me dejan siempre baldado.
Es el coste de la autenticidad. Por supuesto, nada que ver con las burdas imitaciones en las que una muchachita preciosa y en shorts te relaja acariciandote por todas partes, todas, con aceite aromatico. En la mayoria de los casos te termina de relajar con un happy end que no merece la pena describir. En fin, esas burdas imitaciones nos trajeron al cowboy soi.
Cuando empezo el chaparron ya era de noche. La calle ya tenia encendidos todos los neones rojos pero en los bares habia mas chicas que clientes. Llueve a mares y los duenos de los locales empujan el agua de los toldos con una escoba. Pasa alguna moto y algun peaton por la calle inundada, sin prisas. Charlamos en la terraza de un bar, bebiendo una cerveza y es el monzon.
En Cowboy el tiempo parece que se hubiera parado en los dias de la guerra del Vietnam. En la puerta de cada local hay un hrupo de chicas con su uniforme. Las del afterskool van con minifalda escasisima de colegiala, camisa blanca y medias altas. Otras directamente en bikini. Sobre la barra de los clubes hay pegatinas del cuerpo de marines y de algunas companias de comandos. Como es temprano las chicas deambulan y se maquillan en los espejos de las paredes deseando que llegue alguna vez un grupo de soldados americanos, que es siempre mejor que los habituales clientes gordos, calvos o frikies. Aun asi las chicas los miman, los besan, se sientan en sus rodillas y los hacen consumir e invitar.
Por la calle, en mitad del chaparron, un hombreton evidentemente yanki se echa a su pequena amiguita thai al hombro y atraviesa los charcos. del monzon.

BLACK CITIES

Por fin Bangkok. Cae la tarde sobre una pagoda al otro lado del rio. Pasan barcos cargados de pasajeros y yo me he pedido un martini, que pegaba mucho con la vista y la hora, pero que al final esta salado y resulta casi imbebible.
 Bangkok esta llena de ciudades distintas escondidas en una sola. Pero es algo que uno toma un tiempo en descubrir.
Al principio Bangkok era otra cosa. Hay ciudades a las que uno llega ya con una idea hecha; yo llegue cargando con Vazquez Montalban. Me esperaba un lugar de crimen y mafias y un paisaje de edificios gigantescos. Y ha tratado cuatro o cinco dias en encontrar nada de eso.
Mi primera sorpresa fue, precisamente, la falta de sorpresa. No parece un lugar diferente de cualquier otra urbe del sudeste asiatico. Incluso de Indonesia. Avenidas destartaladas, colores grisaceos, trafico, callejuelas sucias, artesanos, tiendas, ajetreo de gente siempre trabajando pero siempre tranquila. Ni siquiera hay gatos peludos o hermanos gemelos unidos por el hombro. Sin embargo, detras de ese paisaje frecuente y de las pagodas y los puestos de comida callejera hay una tanda de ciudades secretas.
La primera ciudad secreta se nos abrio paseando tranquilamente por oriental river. De pronto, al lado de chinatown, se nos aparecio el pasado colonial. La puerta de entrada a Siam. Primero el majestuoso edificio de la East Asiatic Company, sobre el rio, convertido en guarida de oficinas pero impresionante aun. Luego, un poco mas allas, llegamos merodeando a lo que fue el edificio de la aduana. Es grande y parece por completo abandonado hasta que entre las ruinas aparece de pronto una sarta de molinillos de viento hechos con viejas latas de refrescos. Y tras ellos, los bomberos. El edificio cobra vida, como las casas de las peliculas infantiles, y se llena de mangueras puestas a secar, uniformes reflectantes y bomberos que limpian los camiones o hacen cola para comprar un helado ante un carrito.
Hay otros Bangkoks. El de Siam Square y los grandes mall llenos de tiendas diminutas vendiendo milleres de copias de ipods y otros artefactos.
El de los barcos de linea por el rio, rapidos, eficaces y cargados. Son piraguas largas y veloces  (nada que ver con los ferries de Estambul) que te llevan siempre a tiempo a cualquier lugar. Luego descubrimos tambien una red de piraguas aun mas rapidas que van por los canales y funcionan como un metro fluvial. Un mundo loco y bien organizado. Te llevan a cualquier sitio entre la espuma del agua estancada y pestilente, pero sin atascos. Y disfrutando de la parte trasera de miles de casas bangkokitas, que vierten a los canales.
El de los teatros de mascaras, con los personajes caracterizados tan perfectamente que a uno le parece estar delante del propio rama en persona luchando contra las fuerzas del mal a lo largo de los tres mundos. Mucho mas eficaces, en terminos de propaganda, que las pinturas de los templos: no hay nada mas convincente que poder oir, oler y tocar a un Dios.
Tambien hay un Bangkok oculto en los restaurantes donde los occidentales raramente ponen un pie. No solo los deliciosos kioscos de comida del mercado de soi pradet. Tambien los restaurantes parados en el tiempo, con mesas de madera y austeros aires setenteros que solo sirevn un plato. Y por encima de todos el Thik Samai, que es un sitio sin ninguna gracia, con mesas de aluminio y paredes alicatadas en blanco. Pero siempre lleno a rebosar. Los mejores noodles dulces (samai) de la ciudad y un sitio lleno de familias, amigos, gente que te llena de ternura y paz. El cocinero no para de hacer woks y mas woks de samai, entra calor y carbonilla del fuego, la gente colapsa el establecimiento y uno solo tiene que relajarse.
Asi que al atardecer uno se sienta junto al rio a disfrutar de un martini salado y de la pagoda inmensa  y empieza a pensar en los montones de ciudades que nos perdemos.
Por cierto que Vazquez Montalban murio en el aeropuerto de Bangkok. Pero no hay sitio donde dejarle unas flores.

25 julio 2011

Ikarienses

Ikaria está asociada eternamente a la genialidad y al exceso. La historia del jovenzuelo tan listo como para construirse alas con cera y plumas, pero tan orgulloso como para cagarla acercándose al sol anda siempre tras esta isla grande y pelada. 
Del Ícaro mítico apenas queda nada, más que la afición a la cera. Ni falta que hace. La cera fue la perdición de ese pobre inocente que ya podría haber pegado las plumas con resina. En todo caso la isla está llena de paneles de abeja; bastantes de ellos romanos, mantenidos en tubos de cerámica en vez de cajas de madera. Y queda el carácter.
En la isla te recibe una cadena musical que sólo transmite música ikariota. Ikariotikós. Supongo que hay que ser de allí para apreciarla, sobre todo en los interminables instrumentales de flauta, gaita o violín. Eso te pone sobre aviso de que es un lugar rudo y especial.
Ikaria no es tan tanto la isla como la gente. Cordial y dura a la vez. Nadie se corta en mirarte a los ojos con descaro, ni en hacer bromas hirientes. En el café de Evdilos un viejo parroquiano hace chanzas de otro, más anciano aún que él. Lleva un paquete de chester metido bajo la camiseta de tirantes. A la altura de la tetilla y cerca de la medalla de oro. El otro se ofende "mi jardín es el más bonito de toda Ikaria, y si alguien demuestra que no, se lo regalo entero". Dijo eso, se levantó enfadado de su silla del café y se fue renqueante. Poco después pasamos por delante de su jardín. Sobre el muro blanco encalado que da a la carretera sobresalen adelfas, rosales y flores naranjas. Y un cartel escrito a bolígrafo: "si alguien corta otra flor de mi jardín se lo cuento al alcalde".
Los ikariotas tienen personalidad. Durante casi un año fue un Estado independiente, después de que en 1912 expulsaran a tiros a la pequeña guarnición turca de la isla. Después en los cincuenta sirvió como exilio forzoso para miles de comunistas deportados por la dictadura. El más famoso, Mikis Theodorakis. Casi ninguno se quedó luego, aunque dejaron cierta impronta: en los setenta la isla se convirtió en paraíso hippy, y aún quedan algunas calas donde la gente acampa durante meses bajo los eucaliptos. Algo de la estética hippy en los jóvenes de la isla, y en las fiestas. En cualquier caso parece que todo eso tenga más origen dionisiaco que comunista. Desde hace siglos Ikaria es lugar para relajarse, divertirse y dejarse ir. Lo saben hasta los señores con inverosímiles gorros altos de paja que trabajan en los campos de trigo.
Cada momento en Ikaria puede ser mágico o agotador, o ambos. Un día alquilamos unas bicis para recorrer la costa occidental. A los veinte kilómetros de marcha, después de varias paradas en aldeas y playas decidimos explorar la playa de Kampos, tan en mitad de la nada. como cualquier otra Nos bañamos en soledad, paseamos por la arena y luego, hambrientos,  exploramos unas rocas cercanas soñando con cualquier tipo de chiringuito. Una muchacha de lo más atractiva apareció entre las rocas. Llevaba un frappe en la mano, unos shorts escasos y la parte de arriba del bikini. Nos acercó a una taberna en su coche. Tenía el pelo mojado del mar y un tatuaje con un árbol en la espalda. En la taverna había una pintura escondida entre las plantas y un gatito meloso. Bebimos ese vino de Ikaria que no es blanco ni rosado, siempre ácido. Y descubrimos el kazoura, que significa gamberrada pero es un queso blanco y dulce. Despues intentamos continuar con las bicis, pero la cuesta arriba era interminable. Decidimos hacer auto stop. Como no hay autobuses y los taxis escasean, todo el mundo te recoge en autostop. Basta mover la mano en cualquier carretera y el primer coche te pase te recoge siempre. Esa vez nos paró un cura con su pick up. Metimos las bicis atrás y nos llevo hasta casa.
En una semana nos recogieron más de veinte coches distintos. Una pareja atenienses que llevaba veinte años viviendo aquí en verano, desde la época hippy. Conducían un panda destartalado y lleno de chismes y nos llevaron en él hasta la arena misma de la playa de un pueblo cerrado. Totalmente cerrado, porque Ikaria tiene sus horarios. Los días de calor muy pocas tiendas abren antes de mediodía y, desde luego, todos los locales cierran a partir de las dos. Uno puede pasear durante horas por cualquier pueblo a la hora de comer sin cruzarse un alma. Cierran incluso las tabernas, las tiendas de comestibles y los restaurantes. Hay que acostumbrarse a su ritmo, al fin y al cabo gracias a eso en la isla apenas hay turistas.
También nos recogió una pareja con tres niños pequeños que llevaban el coche oliendo a pescado y arpones de submarinismo por todos sitios; dos trabajadores albaneses que nos llevaron en la parte de atrás del pick-up; un señor que nació aquí pero ahora vive en Corfú y que se puso melancólico al recordar su infancia; dos maestras, de Atenas y Salónica, que llevan tres años destinadas en Ikaria. Nos contaron que el invierno aquí es muy duro y que ellas sólo habían sobrevivido gracias a que habían logrado hacerse un grupo grande de amigos.
Por la isla suenan siempre violines y gaitas y uno, que a la llegada no lo podía soportar, acaba por cogerle gusto. En el café de Evdilis un vejete que había estado en Cuba les contaba a sus amigos que aquello no es tan diferente de Ikaría. Lo diría por los ritmos.
Hay un sitio en Ikaria donde el origen dionisíaco de toda esa fiesta se hace evidente. La playa de Nas es una de las más bonitas que he visitado nunca. Pero es también el punto central de una Ikaria tan profunda como ligera. Llena de fuerza escondida. Basta sentarse en los escalones de las ruinas del templo de Artemisa. Un lugar mágico. Está al final de un cañón espectacular que llega hasta el mar y se abre en un lago verde y una playa resguardada entre dos terrazas de roca. No cuesta nada imaginarse el culto a Artemisa y Dionisos. Los barcos que llegaban desde las islas vecinas y varaban en la playa para llevar ofrendas al templo. Hasta estos mismos escalones. Hoy son sólo un sitio lleno de fuerza espiritual y de virutas de mármol.
Entre los griegos Ikaria es famosa por sus panegiris. Son los festivales nocturnos que se celebran junto a las ermitas de la isla. Decidimos subir hasta uno, en la cumbre de un monte. Fue difícil encontrar al taxista de Evdilis. Su coche estaba en la parada pero sin rastro del conductor. Preguntamos en el bar y mandaros a un niño a buscarlo. Volvió corriendo diciendo que su mujer decía que estaba en el taxi. Entonces a un parroquiano se le ocurrió que igual había salido en su barca. Voy a buscarlo, a ver si hay suerte y aún no ha salido. Volvió con noticias, el taxista aceptaba llevarnos pero tenía que acabar algunas cosas en la barca. Tardó poco más de media hora. Al arrancar, habló por la ventanilla con el que lo había encontrado: -Te debo una cerveza. –No, sólo tráeme cabrito de la montaña.
Lo del cabrito resultó ser sensato. El panegiris se celebraba en la minúscula aldea de Drotsoula. Alrededor de la ermita, abierta y engalanada, hay una plaza con dos grandes árboles. Habían llenado todo el espacio con mesas larguísimas y sillas. Había centenares de persona y no cabía un alma. En un extremo, los organizadores vendían enormes raciones de cabrito cocido hasta derretirse que se sirven con las manos y al peso. Y vino ikariota. Todo el mundo estaba allí bebiendo y comiendo y charlando. Pero el espacio central del panegiris es la música. Junto a las mesas habían abierto un espacio grande para bailar. Un grupito, con violines, guitarras y poco más, interpretaba continuamente música del lugar. Y la gente, en masa, no paraba de bailar.
Los panegiris son el punto de encuentro de toda la isla. La gente se conoce en los panegiris, se lía en los panegiris y se pasa semanas antes y después de cada uno de ellos comentando la jugada. Llevábamos sólo cinco días en Ikaria pero el panegiris fue como el final coral de una película clásica. Nos cruzamos allí con todo el que conocíamos de haber charlado en algún bar o en la playa. La pareja del panda destartalado estaba allí y llevaban un bebé en brazos, eso se lo habían callado. Estaba el cura de la pick up hablando con otro que parecía falso, porque se había hecho rastas en la barba y en el pelo, y baila con cada quien. También el hombre que la había liado en el aeropuerto cuando no llegaban las maletas, subido gritando en la cinta transportadora; La chica con pinta de yonki que en un bar, la primera noche, levantaba al borracho cada vez que se caía de su silla; El extraño chico del perro negro que se nos acercó en Kiriaki; el alemán maleducado de un restaurante y hasta la señora que nos enseñó una habitación en su casa en Armenistis. También apareció por allí, bailando y riendo, la chica del árbol tatuado. Y se hizo nuestra amiga. El panegiris duró casi hasta el amanecer.
A la mañana siguiente todos los viejos del café hablaban del panegiris: Hubo mucha gente, incluso unos austriacos. No había mesas bastantes, así no se organizan las cosas. El alcalde no ha arreglado la carretera y cualquier día hay un accidente. Los austriacos van a decir que mucha crisis, pero no dejamos de celebrarlo!.

03 septiembre 2010

Mi pueblo es un poblado.

Las huerfanos siempre, todos los huerfanos, te tratan con cuidado. Tienen miedo de molestarte o incluso de caerte mal. Entre ellos se cuidan y se frenan unos a otros para no espantarte. Como si estuvieran demasiado acostumbrados a los abandonos. Me sucede cada vez que trabajo entre ninos que viven en una institucion como esta. Siempre similar: son cautos con el extrano, solidarios entre si. Buscan afecto pero no terminan de entregarse.
El SOS Village de Ganja es un autentico paraiso en este pais caucasico y polvoriento. Los ninos viven agrupados como familias dirigidas por una madre. Las casas son modernas y confortables. Hay cesped y columpios.
Pero todos los paraisos tienen algo de artificial. Y este mas que ninguno. Tras la fachada del mundo feliz un orfelinato, al final, es siempre eso, un orfelinato. Cuando los ninos hablan de su madre bajan la voz y dicen, 'bueno, falsa madre'. No se olvidan, ni se lo creen. Pero entre tanto, funciona. Los hermanos que llegaron juntos se mantienen juntos. Aytaci y Aytak son, dicen, hermanas de verdad. Son autenticas familias con sus conflictos, sus costumbres. Cada una hace su propia vida, va de compras, cocina y lava como un todo y con independencia de los demas. Resulta una solucion por lo menos inteligente para un problema complejo. Y el poblado esta lleno de amigos.
Babec tiene 13 anos y un talento innato para la danza. En verdad tiene talento para todo: los idiomas, la musica y hasta montar en bicicleta. Tiene suerte y estudia en una cara escuela de baku gracias a un sponsor. En el poblado se aburre. Porque el poblado son tambien ovejas. Omnipresentes. Pastan en el terreno de juego que hay entre las casas. Algunas familias las esquilan y ahi mismo lavan la lana -orzan ayuda a su madre pisandola en barrenos como si fuera uva de vendimia- y la tienden a secar de los columpios, como recordando que entre las casitas suizas estamos aun en el caucaso. Una oveja se tumbo ayer frente a la puerta de nuestra casa y creemos que se esta dejando morir ahi, sin agua ni comida.
Y volviendo al talento casi todos estos ninos tinen alguno. Orxan tiene un genio innato para la fotografia, y es capaz de encuadrar, de buscar temas y de inventar perspectivas por puro instinto. Turan tiene una memoria prodigiosa y Murat es agil como un acrobata. Y en medio de todos ellos nosotros somos poquita cosa y casi nos dejamos llevar. Al final nos sentimos mas invitados que otra cosa y aunque trabajamos con problemas de agresividad y trabajo en grupo y aislamiento individual, parece que fueran ellos los que nos dirigieran.
En la carretera que sale de Ganja hay un gasolinera junto al lugar donde vierten sus basuras un par de tiendas y un hospital. Hay vive un cachorro blanco callejero. Ahora que ya nos reconoce por el olor, mueve la cola cuando nos acercamos con pan. Nos hace fiestas pero no demasiadas y jamas termina de fiarse. Acabada su comida huye como del diablo.
En el poblado aun no he visto jamas a un nino llorar. Ni a los mas enanos, ni a los mayores. Ni en las peleas mas duras, ni cuando les quitan un juguete. Sera cosa de costumbre. 

24 agosto 2010

DE SUECOS Y DE AMIGOS


He escuchado a algun viajero decir que Iran es la Suecia de Oriente. En cada pais hay una venecia y en cada continente una Suiza, pero Suecias pocas. Y sin embargo, no estoy del todo de acuerdo. Iran no es Suecia sobre todo por la manera de conducir. Bueno, y por la alergia a las colas. Y por muchas cosas mas.  Pero es cierto que es un pais ordenado, servicial, moderno y desarrollado como pocos, especialmente en estas partes del mundo.
En cuando al trafico, todo el pais es una inmensa pista de coches locos donde las senales, las normas y los semaforos solo son decoracion de carton piedra. Por su parte el concepto de hacer una fila ordenada para nada parece absolutamente ajeno a la mente persa: a veces se agrdece, pero resulta emervante en cuanto uno tiene que esperar para una getsion en un banco, para comprar un billete o en cualquier tramite en un aeropuerto. Nada grave.
En cambio, nunca dejara de asombrarme la pasion de este pueblo por sus escritores. Uno de los lugares donde se hace mas evidente es en la tumba de Hafez. Hafez, a pesar de la desfavorable critica internacional,  es sin duda el poeta nacional irani. Y sus versos medievales son coloridos, llenos de ritmo y de hondo significado. Incluso existe un ritual en el que se abre al azar el Diwan y el verso que aparece sirve de prediccion y consejo de futuro, como hacia mi abuela con los devocionarios.
La tumba de Hafez es una lapida en un jardin cujado de flores y caminos frescos. De fondo suena siempre musica sufi. Y sobre la lapida de alabastro, un desfile constante de gente de todas las edades y clases sociales. Muchos dejan petalos de rosa y la mayoria viene con su libro y se sientan junto a la lapida o entre las rosas a leer algun poema del Diwan. Tambien nosotros trajimos nuestro ejemplar y lo leimos, al azar, en voz alta:
Que embriaguez es esta que me trae esperanza?
Quien me esta llenando la copa? y de donde sale este vino?
Esa muchacha que canta con voz divina, de donde ha salido?
Luego en Teheran, con los amigos, grupos de ninos se nos acercan en la entrada de las teterias de la montana vendiendo frases de Hafez. Uno le dice a Achim que le compre uno y encontrara una novia guapa. Naguez, que es guapa y va a su lado, se escandaliza y rie.
Y es que no es lo mismo pasar como los turistas (peor aun, como los viajeros engreidos, tal que Stanley y su inscripcion del Herald a la entrada de Persepolis) que disfrutar las ciudades con amigos que te llevan a probar Dizi en el sitio que su madre le lleva meses recomendando.
De noche la montana sobre la ciudad se llena de atascos, pandillas y familias que se divierten charlando o tomando te o fumando narguile en cualquiera de los locales frescos y sombreados. Junto a la carretera florecen los kioscos improvisados.
Es la epoca de las nueces. En teheran las venden frescas, metidas en grandes botes de agua. El padre de Nargues le ha pedido que le lleve una bolsa para su madre, enferma de cancer, que las adora, En los puestecillos venden tambien concentrado de granada y cerezas acidas.
Son noches de paseos por el parque con toda la ciudad iluminada debajo de nosotros y se habla de todo, y por supuesto d epolitica.
Al venir por la autopista pasamos a unos metros de la terrible carcel de Evian. Todos nuestros amigos tienen conocidos que aun estam detenidos ahi. Al hermano de Achim lo soltaron hace solo un mes. Esta represion ha escandalizado incluso a quienes votaron por el gobierno actual. Aqui nadie se sentia realmente en una dictadura y la gente no termina de entender la impunidad con la que se han ensanado brutalmente con la oposicion. Algo ha cambiado desde entonces, y la gente empieza a rebelarse mas y mas. hay quien dice que los panuelos coloridos tambien son una forma de protesta.
Nargues quiere cambiar de tema, ha pasado algunos anos estudiando fuera y se identifica totalmente con el comic de Persepolis. Y acaba coincidiendo conmigo con que en los ultimos anos de pronto las parejas se tocan y se acarician en publico y contamos historias de cada uno y Iran, tan Suecia, se llena de risas y complicidades en el techo de Teheran.

22 agosto 2010

IRAN Y VOLVERAN



Cuando el Ayatollah Jomeini piso por fin suelo irani a la vuelta de su largo exilio un periodista le pregunto que sentia en ese momento tan especial. Nisi, respondio. O sea, nada. Un tipo tan austero y tan serio tiene muy poco que ver con las chicas y mujeres del norte de Teheran que al atardecer salen a pasear por el parque Laleh. Todas con ropa de marca, a pesar del panuelo en la cabeza. Salen pandillas de jovenes a jugar al badminton, alguna tertulia de viejos con corbata y senoras divertidas observando el invento ese del aerobic. El parque esta lleno de bolsos de marca y moviles de ultima generacion, como no podia ser menos en Iran.
En los diez anos que han pasado desde mi ultima visita ha pasado la moda del bigote y las parejas se tocan mucho mas en publico. Y tambien la gente tiene mucho mas miedo de la policia. El descontento se palpa en todas parte, lo mismo en un obrero pobre de Yazd que el chofer de un taxi muy destartalado en Shiraz, el cajero de un banco en Teheran o un barbero en Esfahan. Lo mismo la gente que habla ingles o aleman y se te acercan a hablar en ualquier parque que la que solo habla farsi y se explica casi por senas. La expresion mas extendida, que antes no habia oido jamas, es dictadura. El precio de la gasolina se ha multiplicao por cuatro en un ano y, por lo que dicen, los policias de paisano igual.
En cambio, se han incrementado de manera impresionante los achuchones en publico, como una marea imparable. Siguen sin verse besos en publico pero las caricias y las parejas charlando en un banco o en una teteria se han convertido en algo normal. E imparable.Las autoridades han cerrado todas las casas de te junto al rio de Esfahan para evitar que lo usen las parejas, pero sin mas exito que el de llenar los parques de lo mismo. No se pueden poner puertas al campo, aunque lo intentan. Nadie sabe a ciencia cierta si esta prohibido formalmente que las mujeres vayan en bici. Casi todos nuestros amigos dicen que han oido algo de eso, pero en las calles se ven chicas peladear como si tal cosa.
Una de mis teterias favoritas de Esfahan se ha vuelto un lugar de moda. Es un local subterraneo, decorado con demasiadas antiguedades y un cierto aire clandestino. Al atardecer, al romperse el ayuno del ramadan, se llena de gente fumando narguile o bebiendo yogurt. Los dueno han tenido que dividirla en dos con una ,apara, para separar un espacio para hombres solos y otro para ,ujeres solas o acompanadas. En las paredes han aparecido unos carteles que prohiben tomar fotos. Un amigo me explica que lo han puesto, exclusivamente, para evitar que los muchachos solos tomen fotos con el telefono movil de las chicas del otro lado. Cosas del apartheid de genero. Las muchachas, eso si, se relajan y ensenan el hombro, los pantalones cenidos y, por supuesto, las cabelleras arregladas.
Iran podria ser un lugar religioso pero libre, y algo esta cambiando suavemente en esa direccion, aunque el gobierno siga contestando, como Jomeini, nisi.
Y entre tanto uno de mis pasatiempos favoritos son las discusiones teologicas con los mullahs chiitas, que muchos hablan ingles y todos se mueren por una buena charla. Empiezan siempre preguntando si soy catolico. Luego si conozco algo del islam. Cuando -deshonestamente- digo que si a las dos cosas, empieza la diversion. El responsable de launa medresa en un bazar me pregunta que opino de Hussein. Para pillarme. Pero no me pilla. Respondo que  me admira la manera en que entrego su vida, que sin duda el sabia que en Kerbala lo iban a matar y que aun ai se sacrifico por su pueblo para defender su fe. El mullah sonrie muy complacido y entonces yo meto la pulla que me toca y comento de pasada que muy parecido a lo que hizo jesus. Se soprende pero lo acepta y me dice que es un profeta muy respetado. Uno a cero.
El punto culminante de esos torneos verbales es siempre cuando intentan convertirte. El gerente de la mezquita del Iman, en Esfahan, fue mas directo que ninguno, llegado ese punto. Me pregunta que religion es mejor si el Islam o el catolicismo. Ahi me han dado y el tipo aborea ya su sermon, asi que em defiendo como gato panza arriba. le digo que no son  tan duferentes, pondero las similitudes y llevo por unos instantrs la charla a la bondad infinita e cualquier religion. A menudo logro escabullirme. Otras el chaparrin se vuelve inevitable y tengo que inventarme una cita urgente con un amigo para huir sin dignidad.
Si solo fuera eso, seria divertido. El Jolfar hable con cristianos armenios, en chakchak con zoroastrianos, en Yazd con judios (me dicen que Ariel Sharon nacio aqui, quizas eso explique cosas). Todos dicen que les toleran sus cultos, y en verdad he entrado en sinaggas, templos e iglesias pero la Republica Islamica sigue cayendo como un peso excesivo sobre un pueblo que es abierto, cordial y culto como pocos. Y cada vez pesa mas.

20 agosto 2010

ASIAN EXPRESS

El Asian Express sale los miercoles de istambul  y llega a Teheran en domingo.
Esta si que es una manera decente de empezar el viaje. Es Istambul meriendo en la cantina de un hospital, al borde del Bosforo y desde alli llego en ferry al atardecer a la estacion de Haydar Pacha. Es un edificio coqueto, precioso y acogedor. Lo construyeron los alemanes como enlace entre Berlin y Bagdad. Tiene un bar que da al mar, como deberian ser todos los restaurantes de estacion del mundo.
El viaje.
Asia empieza en Anatolia. Por si hubiera alguna duda basta con mirar las mmontanas peladas que pasan por la ventana y casi parecen ya un anuncio de las estepas kazacas. Eso si, aun hay entre medio campos verdes de trigo y arroyos y remolques cargados de gente colorida que me recuerdan mi pueblo y mis campos turcos. Despues uno llega al Kurdistan y es un desierto con montanas lejanas y oasis espaciados. Esta claro que los kurdos no luchan por otro paradiso mas que el de la libertad de ser uno mismo. Un destacamento de soldados armados se instala en el tren irando afuera con desconfianza. En los pueblos, una muchacha espanta a un grupo de pavos para bajar a la fuente y debajo de cada torre de luz hay una ciguena muerta.

Llegamos a tatvan. El bar de la la estacion de ferries junto al lago no ha cambiado nada en estos dieciocho anos desde que un abuelo turco me enseno aqui a jugar al backgamon. Sigue siendo una cantina basica donde l;os viejos se sientan a mirar llegar y salir los barcos. Hasta el manter polvoriento y los vasos pringosos parecen los mismos de hace anos.
Desde el lago es evidente que Tatvan  se ha colado casi empujando en una breve cornisa entre las montanas y el lago. Y por encima de la ciudad el volcan inmenso, presionando. Al pisar el barco los pasajeros del tren se han transformdo. todo el mundo se ha vuelto mas sociable y mas locuaz y el ambiente de camaraderia hace que pronto se formen grupos donde se charla en varios idiomas. Atardece y las cubiertas del barco se llenan de senoras y nninos sentados encima de alguna tela, sorbiendo te y charlando felices y pacificos frente al sol que se pone.
Mientras esperamos en Van a que llegue el tren irani que sustituye al turco hablo con Marzad. Es kurdo y ha montado aqui un jardin de te. De joven era pastor, despues estuvo un par de anos en la carcel por apoyar al PKK y finalmente se instalo en este bar bordeando el lago. Enm cuanto los policias turcos que venian en el tren se van el pone en los altavoces un himno guerrero de Ahmet Kayan. Le cai bien por reconocer esa musica y me ofrecio unas hojitas parecidas al cilantro que planta en una maceta en la puerta del bar. Dice que es el perejil kurdo.
Mas adelante la frontera entre Turquia e Iran pasa por un desfiladero en mitad del desierto polvoriento. En lo alto hay una ciudadaela semi derruida. Esta amaneciendo y por las colinas las ovejas se extienden como mliendres. O como pulgones. Al entrar en Iran lo primero que vemos es un nino arreando a unos terneros por la carretera. Nada que ver con la primera vista del pais de quienes se bajen en el aeropuerto de Teheran.
Al atardecer el restaurante del tren irani es uno de esos lugares que conmueven con la magia del instante delicioso y suave. Las conversaciones son sofocadas. Cuatro personas juegan sonrientes a los dados. Una pareja se hace confidencias en otra mesa y en otra mas una adolescente lee solitaria. Por las ventanas se filtran praderas amarillas y la luz anaranjada del atardecer. Es un oasis de tranquilidad.
Ese mismo restaurante por la noche se vuelove el cnetro social del tren. Los viajeros, que estan ya casi en su cuarta noche juntos, charl;an de mesa a mesa. Algunos se comen la lata de atun que los ferrocarriles irnies nos regalan de cena y otros miran el partido de futbol en un televisor que los camareros han conseguido sintonizar de milagro.
Al amanecer, al llegar a Teheran, la estacion  son montones de despedidas, abrazos e intercambios de direcciones. Uno pone el pie en Iran esta vez mejor que nunca. Lleno ya.

04 agosto 2010

IRÁN, AÑO 2000 (previaje de viejo)

Ahora que estoy a punto de salir hacia Irán quiero recuperar algunos trozos del cuaderno de viaje  que escribí por allí hace diez años. En 2000, exactamente. Haciéndome viejo, ya siempre vuelvo adónde he estado :

27.
Las calles de Teherán, menos caóticas de lo que cuentan viajeros impresionables, son las de una ciudad demasiado rica. Es un lugar en el que domina la profundidad sobre la superficie. Incluso debajo de la  perspectiva más banal puede intuirse siempre una vida densa escondida: tras la gente que pasea o sentada a observar en cualquier plaza. Tanto, que se hace extraña la sensación de estar aquí sin nada que hacer, sólo de paso. O de visita.

Las montañas vigilan Teherán. Son montañas peladas, de color claro y visibles desde toda la ciudad. Evocan tiempos de caravana y amenazan invasiones. Montañas asiáticas, tan distintas de las nuestras.

29.
Estéticamente es un país al gusto del Presidente Aznar: están de moda los peinados desfasados y los bigotes.

Leo la sura II.64 y dice "tu mujer es un objeto que te pertenece. Usa tu objeto cada vez que quieras". Lo malo no es la traducción, lo malo es que se lo han creído.

01.
¿Esfahan azul? en realidad parece más bien un pedazo de azulejo coloreado en mitad del desierto: flores amarillas sobre fondo azul. Todo apenas manchado por el polvo claro del desierto.

02.
Nadie diría que este país es un desierto.
El jub, las fuentes, los estanques y los grifos están por todas partes. Siempre hay a mano, para beber, una fuente metálica de esas que enfrían el agua. En cada patio diminuto hay siempre una fuente pintada de piscina. En algunas çainise la sirven en botellas redondas de barro helado. En otras se bebe en un cuenco escaso. El paisaje, en cuanto se aleja uno de cualquier ciudad, es puro desierto. Pero en el país se vive rodeado de agua. Ha sido así siempre, hasta Marco Polo se quejaba del calor y se regocijaba de las fuentes.

06.
Hay días malos y días buenos. Días en los que todo se tuerce y el viaje se vuelve sucio o peligroso, y días en los que todo se resuelve solo. Entonces uno acaba como ahora, sentado en un jardín.
Apenas quedará entre estos parterres y estos estanques un recuerdo de aquéllos en los que Saadi escribía. Aquí mismo, sin embargo, escribió Golestán, que han traducido como la rosaleda, pero que significa el lugar de las rosas. Un lugar grande y acogedor.
La tarde, al caer, trae un eco de muacines. "La flor espera, sonriente, tardes de libros y vino junto a la mujer amada". Antes la poesía persa era toda de vino y mujeres, será por eso que Alá los castigó y lo prohibió todo.
Frente a mí hay varios setos de crisantemos enanos. Aún no es tiempo de esa variedad de margaritas, pero las plantas tienen ya un verde prometedor. Y se está nublando el cielo. "Botones de crisantemos, cómplices descarados del disfrute de tardes de la más profunda diversión. Qué están por venir."
Saadi (y Hafez, y Khayam) lo habrían escrito mejor, pero aún así, parece que se mantenga aquí cierta atmósfera inspiradora.
O será que hay malos días que se convierten en buenos.


08.
El inmenso desierto de Dasht-e-lut. Escribo bajo la tormenta de arena. Los oasis también son desierto. Entre los palmerales y entre los muros de adobe corre el mismo viento cálido y arenoso que fuera y hace el mismo calor que en la llanura desolada. El adobe rezuma calina y es mal día para quien sufra de conjuntivitis. A mediodía arrecia la tormenta, se vacían las calles y sólo quien está aquí de paso soporta los golpes de arena y sol. Oasis.

Todas las ciudades abandonadas se parecen. Lo mismo Bam, que Ani, Mistrás o Monemvassia. Y hasta la mismísima Pompeya. Ladrillo, piedra, polvo y vacío. Mucho vacío. Nada más.

El desierto de los tártaros. La inmensidad de este desierto que miro es mucho más real que en el libro de Buzzati o en la película, aunque se rodara aquí.
El horizonte está hoy brumoso por el sol y las nubes de polvo y aún así se controla todo el oasis desde estas torres. Así se vigilaba la ruta de la seda.
En el filo donde acaba el palmeral y empiezan las montañas es demasiado fácil imaginarse la hilera de la caravana, temerosa al aproximarse, del poder de Arg-é Bam.
¿Cómo pueden este desierto y este calor atraer a tantas hordas? Ejércitos devastando y peleando que surgen de la propia devastación natural.
Debe existir cierta comunión entre los terrenos y los caracteres.

11.
Un trenzado de palmera para avivar las brasas. Un kilo de azúcar solidificado con forma de supositorio. Una cabeza de carnero que mira fijamente. Cosas del país.

El oasis es un ecosistema curioso. Crece en invierno y en verano encoge, cuando con la calor el desierto recupera sus espacio. El campo se seca justo a tiempo de que se recoja la cosecha de cereales, y con la paja que resulta se hace el adobe. Todo se usa, como el agua del qanat.
El qanat es un río subterráneo que florece en el desierto y a su alrededor se usa una ciudad. El mismo agua, el mismo canal, se usa primero para beber, despues para lavarse, a continuación para el hamán, despues para lavar y por último para que beban los animales. Otro ecosistema, pero humano. En Yazd todo tiene siempre explicación.

13.
Al atardecer el último sol iraní llena de aristas el paisaje. Incluso los contornos más suaves se vuelven extremos. Y en esa luz de contraste la gente sale tranquila a pasear, como hormiguitas.




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