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01 septiembre 2017

CIUDADES

Viajar por Irán es siempre como ir al encuentro de una vieja amiga. Antes de llegar a cada una de las ciudades que uno conoce se está siempre inquieto. dudando de si será capaz de reconocerla, de si todavía será la que uno guarda en el recuerdo. Después los primeros momentos suelen ser de confusión; hay que adaptarse, todo parece siempre lleno de detalles nuevos, pequeños cambios decisivos. Al poco tiempo, la ciudad recupera la familiaridad y el viajero recuerda porque era feliz allí. Cada lugar guarda el recuerdo de viajes anteriores y siempre surgen pequeñas aventuras que marcan la vida en ella a cada vez... pero acaba por volver a salir el carácter único, el ambiente propio y la personalidad permanente de cada lugar.
Se me hace difícil hablar de las ciudades iraníes si no es contando aventuras, historias, anécdotas de cada una de ellas. Pero puedo intentarlo, con trocitos de algunas de ellas.

SHIRAZ
El modo en que llegas a una ciudad determina a menudo como vas a sentirte en ella. El viaje es siempre una sensación subjetiva y los lugares se viven a menudo con independencia de su esencia real. Esta vez llegamos a Shiraz bajo la luz amarillenta de un día nublado. Casi al atardecer. La ciudad entera parecía bañada en oro suave. Los jardines, las casas de ladrillo, la gente en su paseo familiar vespertino. No pude dejar de pensar que también la tumba de Hafez estaría teñida de ese color pálido. Imaginé rosas amarillas sobre la lápida del poeta y tuve que contenerme para no correr inmediatamente allí.
Luego, al anochecer, la ciudad recuperó su colorido de siempre. Shiraz es una mezcla de colores y culturas. Gente del golfo, con las mujeres escondidas tras sus antifaces de cuero; árabes con túnicas blancas impolutas. Refugiados afganos. Hazaras. Kuchis, con su aire de gitano multicolor. Incluso gente de Teherán que viene de vacaciones disfrazados de turista accidental. Shoraz es alegre y activa y uno puede amenizar las noches fumando narguile en botijo en tabernas sucias donde no hay alcohol, pero té, tabaco, moscas, mesas de formica y personajes. Amigos.

YAZD
Yazd es la frontera. Es la frontera del desierto justo donde la civilización empieza a diluirse y todo se va convirtiendo en arena y desolación. Es la frontera de la antigua Persia, donde las caravanas abandonaban la seguridad del mundo organizado y siguiendo la ruta de la seda se lanzaban a los peligros de los bandidos de Afganistán.
Yazd está en el límite. Huye de la sofisticación de Esfahán, de la vibración cosmopolita de Shiraz y se desliza por vertientes rurales. El paisaje se plaga de chadores, tormentas de arena, callejas semi vacías. Tiendas sin clientes. Menos las pastelerías. yazd es la ciudad de los dulces, de los supositorios gigantes de azúcar y las pastelerías exuberantes cargadas de luz dorada.
Y al atardecer el barrio entero de Fahadán cambia de color; del rojizo al naranja. Se aclara el aire cargado de partículas de arena y hasta el momento en que el muecín inicia su llamada todo es paz y silencio. Entonces, justo al ponerse el sol, estalla el torrente de cantos que rompe el cielo y llega desde todos los puntos de la ciudad. Brotan melodías que suenan a Allah y Muhamed mientras se encienden las primeras luces y los callejones van cayendo en la oscuridad. De pronto sólo queda a lo lejos el perfil perpetuo de las montañas. Llega el frescor de la noche.

KERMÁN
Kermán es una pequeña Samarkanda. Las calles polvorientas huelen a Asia, a asno y frontera. Con la multitud que deambula por el bazar se mezclan turbantes, túnicas, chadores de colores, disfraces o vestidos diversos; entre puestos de fruta y carnicerías a cielo abierto que amontonan a su puerta cabezas de cabra con los ojos vidriosos. Las montañas que se alzan al final de cada calle son rocosas y huele a asia Central.
En Kermán apenas hay hoteles y casi nadie habla inglés, pero en los últimos años la ciudad ha crecido sin freno. Las fábricas de las afueras han atraído a miles de inmigrantes que huyendo de una sequía de dieciseis años y del hambre han abandonado para siempre sus aldeas. En la avenida  florecen hileras de tiendas de moda, de telefonía, de electrodomésticos. Un mundo de progreso lento y masivo que convive con el bazar y con los mercados bulliciosos al aire libre. Las callejuelas que se separan de la avenida mantienen su aire canalla. Hay callejones sucios y polvorientos donde afganos, turkmenos, gitanos y otras gentes fuman opio y trafican con anillos y cuchillos.

TEHERÁN
Teherán, ya se sabe, tiene un auténtico centro moderno con nada que envidiar de cualquier ciudad europea, o de donde sea. Es grande y moderno, cuajado de avenidas. El Teherán moderno dejó de estar confinado al norte de la ciudad. No se trata ya sólo del trozo de la avenida Vali a Sadr entre la plaza y el cruce con la avenida Enghelab, sino todas las plazas y avenidas de alrededor, hasta la zona de la plaza Ferdosi. De pronto hay por todas partes teatros, cafés hipster, jóvenes que no se atienen a la forma de vestir tradicional. Casi imposible cruzarse con un chador por esta zona.
Pero todavía sigue valiendo el dicho de que si no has estado en el café Naderi, no has estado en Teherán. Fue el café de referencia de la ciudad de los años treinta, con su intelectualidad politizada, su sofisticación y su vida nocturna. Era una casa encantado

ra, con aires de palacete, regida por un inmigrante armenio. Luego, en los cincuenta tiraron el edificio y lo sustituyeron por otro feo y sin gracia para ampliar el hotel de encima. Aún así el local mantuvo su aire bohemio y un leve toque mundano como si Annemarie Schwarzenbach fuera entrar de un momento a otro con los ojos vidriosos por el opio y la fiesta. El sitio, pues, ha tenido momentos de gloria. Sin embargo, ha conseguido también sobrevivir a los correspondientes períodos de decadencia sin desvirtuar demasiado su personalidad. Vive en gran medida de esa fama. Lo frecuentan ahora jóvenes alternativos y antiguas glorias del espectáculo, gloriosas de su pasado de fama. A ratos hay tertulias casi-políticas. A mi me gusta ir por la tarde temprano, a tomar café decente y a admirarme de cómo los camareros serios y apuestos ayudan a mantener el carácter y la leyenda del lugar.

30 agosto 2017

OCHO COSAS RARAS QUE HACEN LOS IRANÍES


1.-Operarse la nariz
Se ha puesto de moda. Por la calle, en todas las ciudades de Irán, uno se cruza continuamente con personas con la nariz cubierta con un apósito. Recién operadas. Son en su mayoría chicas, pero también algunos chicos. De todas las clases sociales: esencialmente gente con dinero pero incluso tenderos del mercado. Más allá, son muy frecuentes las mujeres a las que se les nota que se han sometido a una operación de éstas. Algunas quedan bien... otras no tanto.
Dicen que los médicos iraníes se han especializado en rinoplastia y es uno de los países del mundo donde mejor se hace. debe ser verdad. Al menos han tenido, y tienen,  mucha gente con quien practicar.


2.- Comer muy rápido y sin sobremesa
A los restaurantes iraníes se va a comer. No se va a charlar, ni a pasar un rato.
En la mayoría de lugares, además, te sirven muy rápido.
Así que lo habitual son familias grandes que llegan todos juntos y ocupan unas mesas o una de esas camas para comer. Piden inmediatamente y antes de que uno se dé cuenta ya han terminado y están yendo a pagar y saliendo. es como si hubiera una norma social que prohíba estar más de media hora en ningún lugar para comer. En las casas, también es un proceso veloz. Con poca charla y escaso entretenimiento.
 El concepto de la sobremesa no se entiende. Si alguien se toma un té tras la comida lo hace con la misma velocidad. Visto y no visto.


3.- No usar cucharillas para remover el azúcar
Nunca te ponen cucharilla con el té. En los cafés más populares y en las ciudades más alejadas de Teherán no es que no las pongan, sino que ni siquiera existen. Resulta extraño. Es cierto que en muchos locales dan piedras de azúcar cristalizadas en un bastoncito de madera que sirve para remover el té a la vez que lo endulza, pero ésa es la única concesión que hacen en este terreno. Es más, a menudo colocan junto al té terrones duros de azúcar muy sólida, de esos que uno puede ponerse en la boca para ir endulzando el líquido al beberlo (con resultados terribles para los dientes, que acaban siendo sustituidos por otros de oro). Pero hay lugares en los que junto a los vasitos dejan un azucarero lleno de azúcar molida... y tampoco ahí ponen cucharillas. Un misterio.


4- Dar el dinero con dos manos
En Irán es de pésima educación entergar dinero sujetando los billetes sólo con una mano. Es un gesto que se usa en verdad para entregar muchos objetos en un contexto de respeto, pero con el dinero, siempre. Recuerda vagamente al gesto balcánico de agarrarse con la mano izquierda el antebrazo de lo que se entrega con la derecha.


5- Fumar en los espacios cerrados en vez de en la calle
Como en otros países islámicos, en Irán es de mal gusto fumar en la calle. No está prohibido, pero no se suele hacer. En otros países sucede sobre todo en Ramadán pero en Irán es algo de todo el año. Así que los flujos de gente en los restaurantes y lugares de ocio son los contrarios a los europeos. La gente entra para fumar y sale a tomar el aire. Lo más habitual al llegar a una tetería, un restaurante o un local donde tomar algo es una niebla que difumina las figuras y que proviene de los cigarrillos del público.


6- Usar las aceras como carril moto
En muchos países es frecuente y normal que las bicicletas pasen a veces por la acera en vez de la calzada. En Irán sucede lo mismo con las motos. Sobre todo en Teherán. En las horas de máximo atasco, la acera parece ser el carril perfecto para que líneas enteras de motos sorteen el embotellamiento. En los momentos más tranquilos es simplemente una manera de no tener que andar ni un metro cuando se va de compras o a hacer un recado. porque, si la moto te puede llevar hasta la puerta misma, para qué pararse un metro más allá.


7- Pagar hasta las chucherias y a los manteros con tarjeta de crédito.
La promoción de las tarjetas de crédito ha sido una iniciativa del Gobierno. pero ha alcanzado un éxito inusitado en cualquier otro lugar del planeta. Si tienes tarjeta local de crédito podrás usarla incluso para comprar fruta en un tenderete en el extremo oriental del país o para pagar los productos que alguien venda en el suelo sobre un manta en cualquier bazar. El uso de la tarjeta sustituye al dinero prácticamente en todas partes.


8- Negociar el precio de los taxis con una aplicación.
En Irán los taxis tienen precios más o menos fijos. Se negocia antes de subir, y en cada ciudad hay varios precios según la distancia a la que vaya uno. A veces depende también de la hora o de las ganas de trabajar que tenga el taxista. En todo caso, lo curioso es cómo ha llegado esta costumbre al mundo de las nuevas tecnologías. Ahora, quien necesita un taxi suele pedirlo (sobre todo en las grandes ciudades) a través de una aplicación de móvil que no te da un precio fijo, sino una propuesta a la que puedes hacer una contraoferta. Se ha vuelto la manera más común de moverse en las grandes ciudades.

22 agosto 2017

PISTACHOS DE JARANAQ


Jaranaq es un manantial de agua fresca y cristalina en mitad del desierto iraní.
Gracias a ese agua -mezclándola con paja, estiércol y tierra- un grupo de zoroastrianos construyó aquí hace siglos todo un pueblo de adobe y plantaron una huerta. Ahí cultivan todavía verduras y frutas diversas y, sobre todo, granados y pistachos.
La riegan con un qanat que lleva el agua del manantial a través del pueblo y, en días alternos, la divide equitativamente entre las distintas parcelas.
Los pistachos de Jaranaq son gordos y sabrosos. Pero, sobre todo, huelen excitantemente. Cuando llega la cosecha el aire entero del lugar huele a fragancias y delicias orientales. El aroma dulzón y embriagador de los pistachos verdes derrite a cualquiera. Sin solución.
Luego, una vez recogidos los frutos frescos, las mujeres del pueblo le quitan uno a uno su caparazón rojo gomoso que se abre sólo con apretarlo. Como los huevos de las tortugas marinas. Más tarde los pondrán a secar en las azoteas de las casas. Sólo entonces se les quita ese olor intenso y delicioso y se pueden comer.
Hace siglos, la aldea -como todos los oasis- tenía un caravanasar. Tras jornadas de polvo y sequedad  por el desierto las caravanas que hacían la ruta de la seda se solazaban al fresco de Jaranaq y su manantial. Cada caravana era una atracción llena de sorpresas. Los niños del pueblo se colaban en el recinto amurallado a espiar a los extranjeros recién llegados. después comentaban por el pueblo sus costumbres asombrosas. los guías con más experiencia, que ya habían pasado antes por aquí, se sentaban a fumar con los trabajadores de la posada. esops ritos se siguen repitiendo con los grupos aislados de turistas, la mayoría de Teherán, que pasa aún por las ruinas del pueblo.
Intentando que nada cambie del todo, como no cambia el aroma de los pistachos.

17 agosto 2017

¿DÓNDE ESTÁ MI RÍO?

Bajo los puentes de Isfahán ya no corre agua y es como si la ciudad hubiera perdido su historia. El río Zayanderoum ha dejado de marcar la vida a la que se refiere su nombre y es sólo un pedregal en el que a duras penas sobrevive algún charco de líquido estancado.
El país sufre ya dieciséis años seguidos de sequía. Que ya son años. Pero el río no está seco sólo por eso. La razón principal son muchos años de sobreexplotación desmesurada. En parte para la agricultura pero, sobre todo, para las industrias del sur del país: en su mayoría poco modernizadas, sin sistema de reciclaje de aguas y derrochadoras. En general la gestión de la cuenca hidrográfica es un desastre total. Se reciben trasvases que aportan muy poco y empobrecen a otras zonas y, a cambio, se destina más agua de la cuenta a los campos del este desértico del país.
El río seco da pena y la ciudad entera es mucho más triste ahora. Además la tragedia ecológica y social ha sido terrible. Pueblos enteros han quedado abandonados. Miles de agricultores se han quedado sin medio de vida mientras desaparecían para siempre centenares de miles de hectáreas de cultivo. Árboles muertos y ciudades en la ruina. Con la desaparición del río se han producido además movimientos masivos de población empobrecida que ha huído a las ciudades, creando nuevos barrios terriblemente miserables.
hace un par de años, la primera vez que el problema se hizo evidente, se convocaron manifestaciones masivas de ciudadanos y agricultores. Todos unidos al grito de ¿Dónde está mi río?, inspirado claramente en la revolución verde, cuando se protestaba por los votos supuestamente desaparecidos en las elecciones generales. Mala cosa para el Gobierno, que prometió medidas extraordinarias y planes especiales. En todo caso, pasan los años y el Zayanderoum sigue seco.
Pese a todo, al atardecer la gente de Esfahán todavía sale a pasear por los puentes. Es cierto que el de Si-o-Seh lo cruzan sobre todo con prisas para ir a algún centro comercial o de tiendas y bares por la zona de Jolfa. El puente Khaju, sin embargo, sigue siendo un sitio de encuentro donde pasar la tarde en el que la atmósfera recuerda vagamente a la de otros tiempos. Hace años que retiraron aquéllas preciosas barcas a pedales con forma de cisne que eran un auténtico sinónimo de la felicidad. Lo más parecido a la magia que queda son los grupos de canto polifónico que se reúnen las tardes de verano bajo las bóvedas del puente a hacer batallas de improvisación.
Me cuentan que aún, con el deshielo, hay un par de meses al año en el que el río vuelve a llevar algo de agua. Al parecer, cada año, el día en que vuelve el agua -a mediados de abril, normalmente- la ciudad se convierte en una fiesta. Cierran colegios y negocios y todo el mundo se va a contemplar de nuevo la imagen de los puentes reflejados en el agua como un espejo. Como ha sido siempre. 
Pronto no quedará ni eso.


16 agosto 2017

EL VENDEDOR DE GLOBOS DE ESFAHÁN

La plaza de Esfahán tiene un vendedor de globos. Es un hombre alto, enjuto, serio. Pasa la tarde paseando entre las familias que hacen picnic con sus niños y los grupos de turistas que han venido de Teherán. Vendiendo globos.
A ratos se toma un descanso en un patio del bazar, justo detrás de la mezquita del imán, antes llamada mezquita del Shah.
Allí tiene su propia silla, junto a unos baños públicos. Llega saludando a los tenderos, a los habituales del bazar que pasan el día parados en alguna esquina y a los clientes del pequeñísimo salón de té. Deja sus bártulos apoyados en la silla y se sienta a echar unos pitillos.
Descansa un rato y después se pone a preparar de nuevo su mercancía. Primero alinea cuidadosamente una hilera de cordeles blancos sobre el respaldo de la silla. Luego va sacando globos y los hincha con la boca, de dos tacadas. El vendedor de globos tiene unos pulmones prodigiosos. Son globos estrechos y rugosos de los que cuesta hinchar. Él coge aire sin inmutarse. sopla una vez y el globo crece en sus manos como por arte de magia. Vuelve a soplar y se convierte en un globo grande y atractivo. Entonces cierra cada uno con uno de los cordeles, anudándolo en la boquilla. El otro extremo del cordel sirve para unir los globos a un palo. En un momento el extremo del palo de llena de globos multicolores, como una piña, o un árbol fantástico.
Cuando está satisfecho con su palmera de globos vuelve a pararse. Se fuma un último cigarrito. Entra en el baño. Luego coge los globos y sale de nuevo a la plaza a trabajar. 
Fin de la pausa.











[La plaza de Esfahán es un lugar concurrido, casi tópico. Abarrotado cada día por grupos de turistas (en su mayoría locales) y por las familias que salen a pasear al atardecer. Es una plaza inmensa, de las más grandes del mundo, pero muy frecuentada. Es un contraste brutal con las callejuelas del bazar que la rodean. El bazar es ruidoso, multicolor. Plagado de patios en los que la vida se ha parado en un grupo de artesanos que hace su tarea en común, ajenos a la modernidad y casi en solitario. De pronto la plaza es todo lo contrario: un espacio enorme de luz. Multifotografiado, abierto, cuidado y regulado. Pero extrañamente es una plaza mágica. Donde pasan cosas.]

15 agosto 2017

TIEMPOS DE CAMBIO

Presenciar personalmente la evolución y el cambio de una ciudad lo hace a uno sentirse viejo. Ciertamente, el mundo está siempre en constante cambio pero se supone que uno no debe darse cuenta; es más, uno piensa que los mundos que conoció permanecen. Cuando los ve desaparecer, impacta.
Del Irán rural y oriental que conocí hace veinte años queda muy poco. Lo inesperado ahora es que ese otro país, de exotismo ya civilizado en el que estuve por última vez hace ya siete años esté también desapareciendo. Los cambios son evidentes por todo el territorio, pero resultan brutales en las grandes ciudades de provincia, como Shiraz o Isfahán. También, en Yazd o Kermán. Arrasando.
Isfahán se está modernizando a pasos agigantados. Ya casi están terminando el metro que conecta las zonas más alejadas del centro. Los trabajadores del metro se presentan como orgullosos paladines de la modernidad y cuando alguien te dice que trabaja en el suburbano lo cuenta con la satisfacción de quien se sabe partícipe de esa empresa transformadora. Al mismo tiempo, los alrededores de cada nueva estación, en especial las que están en el centro de la ciudad, son terrenos abierto a la especulación. La mayoría se va tapizando de feos centros comerciales. Multitud. Lugares desangelados, construidos todos en un feo estilo mezcla de regionalismo y modernidad cutre.
En los alrededores de la mezquita del viernes la piqueta ha acabado con toda la zona de callejuelas que resistían como ciudad medieval. Era un lugar de habitantes de clase baja, calles polvorientas, tiendas donde vendían carne de camello, talleres de alfareros, y mucho polvo como si un trozo de desierto aguantara desde hace siglos en la urbe señorial. Ha desaparecido uno de mis lugares favoritos (...) En su lugar hay un parking. Isfahán entera está ahora llena de parkings. Descampados esperando un promotor que construya modernidad sobre la ciudad destruida.
En Shiraz hay barriadas enteras de callejuelas en pleno centro de la ciudad, que están siendo arrasadas. Con bulldozers. Centenares de casas, algunas de ellas casi palaciegas, y decenas y decenas de callejones desaparecen. Su lugar lo ocupan oficinas administrativas, hoteles boutique, centros comerciales. La modernidad es arrasar de raíz barrios enteros con muchos siglos de antigüedad e imponer encima un nuevo trazado de calles anchas, limpias. Los nuevos edificios los hacen de ladrillo, manteniendo técnicas antiguas que mantienen el aire tradicional en las fachadas, pero poco más. Echan a la gente, destruyen las callejuelas en zigzag por donde no cabía ni un coche; desaparecen los habitantes bulliciosos y coloridos, mezcla de religiones y razas como siempre fue Shiraz.
He vivido esos cambios en muchos sitios: desde el Estambul de finales de los ochenta que desapareció prácticamente entero, hasta la transformación de Croacia en la posguerra. Sin embargo nunca antes lo había sentido tan rápido y tan duro. En Irán hoy está en obras todo el país y el cambio, brutal y devastador, va a un ritmo trepidante.

24 agosto 2010

DE SUECOS Y DE AMIGOS


He escuchado a algun viajero decir que Iran es la Suecia de Oriente. En cada pais hay una venecia y en cada continente una Suiza, pero Suecias pocas. Y sin embargo, no estoy del todo de acuerdo. Iran no es Suecia sobre todo por la manera de conducir. Bueno, y por la alergia a las colas. Y por muchas cosas mas.  Pero es cierto que es un pais ordenado, servicial, moderno y desarrollado como pocos, especialmente en estas partes del mundo.
En cuando al trafico, todo el pais es una inmensa pista de coches locos donde las senales, las normas y los semaforos solo son decoracion de carton piedra. Por su parte el concepto de hacer una fila ordenada para nada parece absolutamente ajeno a la mente persa: a veces se agrdece, pero resulta emervante en cuanto uno tiene que esperar para una getsion en un banco, para comprar un billete o en cualquier tramite en un aeropuerto. Nada grave.
En cambio, nunca dejara de asombrarme la pasion de este pueblo por sus escritores. Uno de los lugares donde se hace mas evidente es en la tumba de Hafez. Hafez, a pesar de la desfavorable critica internacional,  es sin duda el poeta nacional irani. Y sus versos medievales son coloridos, llenos de ritmo y de hondo significado. Incluso existe un ritual en el que se abre al azar el Diwan y el verso que aparece sirve de prediccion y consejo de futuro, como hacia mi abuela con los devocionarios.
La tumba de Hafez es una lapida en un jardin cujado de flores y caminos frescos. De fondo suena siempre musica sufi. Y sobre la lapida de alabastro, un desfile constante de gente de todas las edades y clases sociales. Muchos dejan petalos de rosa y la mayoria viene con su libro y se sientan junto a la lapida o entre las rosas a leer algun poema del Diwan. Tambien nosotros trajimos nuestro ejemplar y lo leimos, al azar, en voz alta:
Que embriaguez es esta que me trae esperanza?
Quien me esta llenando la copa? y de donde sale este vino?
Esa muchacha que canta con voz divina, de donde ha salido?
Luego en Teheran, con los amigos, grupos de ninos se nos acercan en la entrada de las teterias de la montana vendiendo frases de Hafez. Uno le dice a Achim que le compre uno y encontrara una novia guapa. Naguez, que es guapa y va a su lado, se escandaliza y rie.
Y es que no es lo mismo pasar como los turistas (peor aun, como los viajeros engreidos, tal que Stanley y su inscripcion del Herald a la entrada de Persepolis) que disfrutar las ciudades con amigos que te llevan a probar Dizi en el sitio que su madre le lleva meses recomendando.
De noche la montana sobre la ciudad se llena de atascos, pandillas y familias que se divierten charlando o tomando te o fumando narguile en cualquiera de los locales frescos y sombreados. Junto a la carretera florecen los kioscos improvisados.
Es la epoca de las nueces. En teheran las venden frescas, metidas en grandes botes de agua. El padre de Nargues le ha pedido que le lleve una bolsa para su madre, enferma de cancer, que las adora, En los puestecillos venden tambien concentrado de granada y cerezas acidas.
Son noches de paseos por el parque con toda la ciudad iluminada debajo de nosotros y se habla de todo, y por supuesto d epolitica.
Al venir por la autopista pasamos a unos metros de la terrible carcel de Evian. Todos nuestros amigos tienen conocidos que aun estam detenidos ahi. Al hermano de Achim lo soltaron hace solo un mes. Esta represion ha escandalizado incluso a quienes votaron por el gobierno actual. Aqui nadie se sentia realmente en una dictadura y la gente no termina de entender la impunidad con la que se han ensanado brutalmente con la oposicion. Algo ha cambiado desde entonces, y la gente empieza a rebelarse mas y mas. hay quien dice que los panuelos coloridos tambien son una forma de protesta.
Nargues quiere cambiar de tema, ha pasado algunos anos estudiando fuera y se identifica totalmente con el comic de Persepolis. Y acaba coincidiendo conmigo con que en los ultimos anos de pronto las parejas se tocan y se acarician en publico y contamos historias de cada uno y Iran, tan Suecia, se llena de risas y complicidades en el techo de Teheran.

22 agosto 2010

IRAN Y VOLVERAN



Cuando el Ayatollah Jomeini piso por fin suelo irani a la vuelta de su largo exilio un periodista le pregunto que sentia en ese momento tan especial. Nisi, respondio. O sea, nada. Un tipo tan austero y tan serio tiene muy poco que ver con las chicas y mujeres del norte de Teheran que al atardecer salen a pasear por el parque Laleh. Todas con ropa de marca, a pesar del panuelo en la cabeza. Salen pandillas de jovenes a jugar al badminton, alguna tertulia de viejos con corbata y senoras divertidas observando el invento ese del aerobic. El parque esta lleno de bolsos de marca y moviles de ultima generacion, como no podia ser menos en Iran.
En los diez anos que han pasado desde mi ultima visita ha pasado la moda del bigote y las parejas se tocan mucho mas en publico. Y tambien la gente tiene mucho mas miedo de la policia. El descontento se palpa en todas parte, lo mismo en un obrero pobre de Yazd que el chofer de un taxi muy destartalado en Shiraz, el cajero de un banco en Teheran o un barbero en Esfahan. Lo mismo la gente que habla ingles o aleman y se te acercan a hablar en ualquier parque que la que solo habla farsi y se explica casi por senas. La expresion mas extendida, que antes no habia oido jamas, es dictadura. El precio de la gasolina se ha multiplicao por cuatro en un ano y, por lo que dicen, los policias de paisano igual.
En cambio, se han incrementado de manera impresionante los achuchones en publico, como una marea imparable. Siguen sin verse besos en publico pero las caricias y las parejas charlando en un banco o en una teteria se han convertido en algo normal. E imparable.Las autoridades han cerrado todas las casas de te junto al rio de Esfahan para evitar que lo usen las parejas, pero sin mas exito que el de llenar los parques de lo mismo. No se pueden poner puertas al campo, aunque lo intentan. Nadie sabe a ciencia cierta si esta prohibido formalmente que las mujeres vayan en bici. Casi todos nuestros amigos dicen que han oido algo de eso, pero en las calles se ven chicas peladear como si tal cosa.
Una de mis teterias favoritas de Esfahan se ha vuelto un lugar de moda. Es un local subterraneo, decorado con demasiadas antiguedades y un cierto aire clandestino. Al atardecer, al romperse el ayuno del ramadan, se llena de gente fumando narguile o bebiendo yogurt. Los dueno han tenido que dividirla en dos con una ,apara, para separar un espacio para hombres solos y otro para ,ujeres solas o acompanadas. En las paredes han aparecido unos carteles que prohiben tomar fotos. Un amigo me explica que lo han puesto, exclusivamente, para evitar que los muchachos solos tomen fotos con el telefono movil de las chicas del otro lado. Cosas del apartheid de genero. Las muchachas, eso si, se relajan y ensenan el hombro, los pantalones cenidos y, por supuesto, las cabelleras arregladas.
Iran podria ser un lugar religioso pero libre, y algo esta cambiando suavemente en esa direccion, aunque el gobierno siga contestando, como Jomeini, nisi.
Y entre tanto uno de mis pasatiempos favoritos son las discusiones teologicas con los mullahs chiitas, que muchos hablan ingles y todos se mueren por una buena charla. Empiezan siempre preguntando si soy catolico. Luego si conozco algo del islam. Cuando -deshonestamente- digo que si a las dos cosas, empieza la diversion. El responsable de launa medresa en un bazar me pregunta que opino de Hussein. Para pillarme. Pero no me pilla. Respondo que  me admira la manera en que entrego su vida, que sin duda el sabia que en Kerbala lo iban a matar y que aun ai se sacrifico por su pueblo para defender su fe. El mullah sonrie muy complacido y entonces yo meto la pulla que me toca y comento de pasada que muy parecido a lo que hizo jesus. Se soprende pero lo acepta y me dice que es un profeta muy respetado. Uno a cero.
El punto culminante de esos torneos verbales es siempre cuando intentan convertirte. El gerente de la mezquita del Iman, en Esfahan, fue mas directo que ninguno, llegado ese punto. Me pregunta que religion es mejor si el Islam o el catolicismo. Ahi me han dado y el tipo aborea ya su sermon, asi que em defiendo como gato panza arriba. le digo que no son  tan duferentes, pondero las similitudes y llevo por unos instantrs la charla a la bondad infinita e cualquier religion. A menudo logro escabullirme. Otras el chaparrin se vuelve inevitable y tengo que inventarme una cita urgente con un amigo para huir sin dignidad.
Si solo fuera eso, seria divertido. El Jolfar hable con cristianos armenios, en chakchak con zoroastrianos, en Yazd con judios (me dicen que Ariel Sharon nacio aqui, quizas eso explique cosas). Todos dicen que les toleran sus cultos, y en verdad he entrado en sinaggas, templos e iglesias pero la Republica Islamica sigue cayendo como un peso excesivo sobre un pueblo que es abierto, cordial y culto como pocos. Y cada vez pesa mas.

20 agosto 2010

ASIAN EXPRESS

El Asian Express sale los miercoles de istambul  y llega a Teheran en domingo.
Esta si que es una manera decente de empezar el viaje. Es Istambul meriendo en la cantina de un hospital, al borde del Bosforo y desde alli llego en ferry al atardecer a la estacion de Haydar Pacha. Es un edificio coqueto, precioso y acogedor. Lo construyeron los alemanes como enlace entre Berlin y Bagdad. Tiene un bar que da al mar, como deberian ser todos los restaurantes de estacion del mundo.
El viaje.
Asia empieza en Anatolia. Por si hubiera alguna duda basta con mirar las mmontanas peladas que pasan por la ventana y casi parecen ya un anuncio de las estepas kazacas. Eso si, aun hay entre medio campos verdes de trigo y arroyos y remolques cargados de gente colorida que me recuerdan mi pueblo y mis campos turcos. Despues uno llega al Kurdistan y es un desierto con montanas lejanas y oasis espaciados. Esta claro que los kurdos no luchan por otro paradiso mas que el de la libertad de ser uno mismo. Un destacamento de soldados armados se instala en el tren irando afuera con desconfianza. En los pueblos, una muchacha espanta a un grupo de pavos para bajar a la fuente y debajo de cada torre de luz hay una ciguena muerta.

Llegamos a tatvan. El bar de la la estacion de ferries junto al lago no ha cambiado nada en estos dieciocho anos desde que un abuelo turco me enseno aqui a jugar al backgamon. Sigue siendo una cantina basica donde l;os viejos se sientan a mirar llegar y salir los barcos. Hasta el manter polvoriento y los vasos pringosos parecen los mismos de hace anos.
Desde el lago es evidente que Tatvan  se ha colado casi empujando en una breve cornisa entre las montanas y el lago. Y por encima de la ciudad el volcan inmenso, presionando. Al pisar el barco los pasajeros del tren se han transformdo. todo el mundo se ha vuelto mas sociable y mas locuaz y el ambiente de camaraderia hace que pronto se formen grupos donde se charla en varios idiomas. Atardece y las cubiertas del barco se llenan de senoras y nninos sentados encima de alguna tela, sorbiendo te y charlando felices y pacificos frente al sol que se pone.
Mientras esperamos en Van a que llegue el tren irani que sustituye al turco hablo con Marzad. Es kurdo y ha montado aqui un jardin de te. De joven era pastor, despues estuvo un par de anos en la carcel por apoyar al PKK y finalmente se instalo en este bar bordeando el lago. Enm cuanto los policias turcos que venian en el tren se van el pone en los altavoces un himno guerrero de Ahmet Kayan. Le cai bien por reconocer esa musica y me ofrecio unas hojitas parecidas al cilantro que planta en una maceta en la puerta del bar. Dice que es el perejil kurdo.
Mas adelante la frontera entre Turquia e Iran pasa por un desfiladero en mitad del desierto polvoriento. En lo alto hay una ciudadaela semi derruida. Esta amaneciendo y por las colinas las ovejas se extienden como mliendres. O como pulgones. Al entrar en Iran lo primero que vemos es un nino arreando a unos terneros por la carretera. Nada que ver con la primera vista del pais de quienes se bajen en el aeropuerto de Teheran.
Al atardecer el restaurante del tren irani es uno de esos lugares que conmueven con la magia del instante delicioso y suave. Las conversaciones son sofocadas. Cuatro personas juegan sonrientes a los dados. Una pareja se hace confidencias en otra mesa y en otra mas una adolescente lee solitaria. Por las ventanas se filtran praderas amarillas y la luz anaranjada del atardecer. Es un oasis de tranquilidad.
Ese mismo restaurante por la noche se vuelove el cnetro social del tren. Los viajeros, que estan ya casi en su cuarta noche juntos, charl;an de mesa a mesa. Algunos se comen la lata de atun que los ferrocarriles irnies nos regalan de cena y otros miran el partido de futbol en un televisor que los camareros han conseguido sintonizar de milagro.
Al amanecer, al llegar a Teheran, la estacion  son montones de despedidas, abrazos e intercambios de direcciones. Uno pone el pie en Iran esta vez mejor que nunca. Lleno ya.

04 agosto 2010

IRÁN, AÑO 2000 (previaje de viejo)

Ahora que estoy a punto de salir hacia Irán quiero recuperar algunos trozos del cuaderno de viaje  que escribí por allí hace diez años. En 2000, exactamente. Haciéndome viejo, ya siempre vuelvo adónde he estado :

27.
Las calles de Teherán, menos caóticas de lo que cuentan viajeros impresionables, son las de una ciudad demasiado rica. Es un lugar en el que domina la profundidad sobre la superficie. Incluso debajo de la  perspectiva más banal puede intuirse siempre una vida densa escondida: tras la gente que pasea o sentada a observar en cualquier plaza. Tanto, que se hace extraña la sensación de estar aquí sin nada que hacer, sólo de paso. O de visita.

Las montañas vigilan Teherán. Son montañas peladas, de color claro y visibles desde toda la ciudad. Evocan tiempos de caravana y amenazan invasiones. Montañas asiáticas, tan distintas de las nuestras.

29.
Estéticamente es un país al gusto del Presidente Aznar: están de moda los peinados desfasados y los bigotes.

Leo la sura II.64 y dice "tu mujer es un objeto que te pertenece. Usa tu objeto cada vez que quieras". Lo malo no es la traducción, lo malo es que se lo han creído.

01.
¿Esfahan azul? en realidad parece más bien un pedazo de azulejo coloreado en mitad del desierto: flores amarillas sobre fondo azul. Todo apenas manchado por el polvo claro del desierto.

02.
Nadie diría que este país es un desierto.
El jub, las fuentes, los estanques y los grifos están por todas partes. Siempre hay a mano, para beber, una fuente metálica de esas que enfrían el agua. En cada patio diminuto hay siempre una fuente pintada de piscina. En algunas çainise la sirven en botellas redondas de barro helado. En otras se bebe en un cuenco escaso. El paisaje, en cuanto se aleja uno de cualquier ciudad, es puro desierto. Pero en el país se vive rodeado de agua. Ha sido así siempre, hasta Marco Polo se quejaba del calor y se regocijaba de las fuentes.

06.
Hay días malos y días buenos. Días en los que todo se tuerce y el viaje se vuelve sucio o peligroso, y días en los que todo se resuelve solo. Entonces uno acaba como ahora, sentado en un jardín.
Apenas quedará entre estos parterres y estos estanques un recuerdo de aquéllos en los que Saadi escribía. Aquí mismo, sin embargo, escribió Golestán, que han traducido como la rosaleda, pero que significa el lugar de las rosas. Un lugar grande y acogedor.
La tarde, al caer, trae un eco de muacines. "La flor espera, sonriente, tardes de libros y vino junto a la mujer amada". Antes la poesía persa era toda de vino y mujeres, será por eso que Alá los castigó y lo prohibió todo.
Frente a mí hay varios setos de crisantemos enanos. Aún no es tiempo de esa variedad de margaritas, pero las plantas tienen ya un verde prometedor. Y se está nublando el cielo. "Botones de crisantemos, cómplices descarados del disfrute de tardes de la más profunda diversión. Qué están por venir."
Saadi (y Hafez, y Khayam) lo habrían escrito mejor, pero aún así, parece que se mantenga aquí cierta atmósfera inspiradora.
O será que hay malos días que se convierten en buenos.


08.
El inmenso desierto de Dasht-e-lut. Escribo bajo la tormenta de arena. Los oasis también son desierto. Entre los palmerales y entre los muros de adobe corre el mismo viento cálido y arenoso que fuera y hace el mismo calor que en la llanura desolada. El adobe rezuma calina y es mal día para quien sufra de conjuntivitis. A mediodía arrecia la tormenta, se vacían las calles y sólo quien está aquí de paso soporta los golpes de arena y sol. Oasis.

Todas las ciudades abandonadas se parecen. Lo mismo Bam, que Ani, Mistrás o Monemvassia. Y hasta la mismísima Pompeya. Ladrillo, piedra, polvo y vacío. Mucho vacío. Nada más.

El desierto de los tártaros. La inmensidad de este desierto que miro es mucho más real que en el libro de Buzzati o en la película, aunque se rodara aquí.
El horizonte está hoy brumoso por el sol y las nubes de polvo y aún así se controla todo el oasis desde estas torres. Así se vigilaba la ruta de la seda.
En el filo donde acaba el palmeral y empiezan las montañas es demasiado fácil imaginarse la hilera de la caravana, temerosa al aproximarse, del poder de Arg-é Bam.
¿Cómo pueden este desierto y este calor atraer a tantas hordas? Ejércitos devastando y peleando que surgen de la propia devastación natural.
Debe existir cierta comunión entre los terrenos y los caracteres.

11.
Un trenzado de palmera para avivar las brasas. Un kilo de azúcar solidificado con forma de supositorio. Una cabeza de carnero que mira fijamente. Cosas del país.

El oasis es un ecosistema curioso. Crece en invierno y en verano encoge, cuando con la calor el desierto recupera sus espacio. El campo se seca justo a tiempo de que se recoja la cosecha de cereales, y con la paja que resulta se hace el adobe. Todo se usa, como el agua del qanat.
El qanat es un río subterráneo que florece en el desierto y a su alrededor se usa una ciudad. El mismo agua, el mismo canal, se usa primero para beber, despues para lavarse, a continuación para el hamán, despues para lavar y por último para que beban los animales. Otro ecosistema, pero humano. En Yazd todo tiene siempre explicación.

13.
Al atardecer el último sol iraní llena de aristas el paisaje. Incluso los contornos más suaves se vuelven extremos. Y en esa luz de contraste la gente sale tranquila a pasear, como hormiguitas.




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